Hace un par de décadas, y en el marco del Foro de Davos, Bill Gates afirmó que una de las soluciones que estaba barajando para acabar con el spam consistía en hacer pagar a las empresas emisoras por los mensajes detectados como tal.
La medida, obviamente, no se llegó a implementar y, en aquel momento, levantó ampollas, también porque algunos medios publicaron que el cofundador de Microsoft quería hacer pagar por enviar correo electrónico, así, en genérico, una información incorrecta por incompleta, ya que no explicaba que era a los envíos masivos y por los mensajes retornados, pensando en la gestión de los intermediarios desde el emisor al receptor. Pero, tal vez, habría podido contribuir a salvar el correo electrónico como lo que en el pasado reciente ha sido, y hoy día ya no lo es más: una herramienta útil.
Porque filtros de spam los hay pero, seamos sinceros: no ofrecen un gran resultado. He sido usuario de varios y siempre, siempre, debo ir a revisar la carpeta de spam en algún momento porque me ha dejado allí algún mensaje que me interesaba, identificado erróneamente como spam, con lo cual el supuesto ahorro de tiempo que me dan, no acaba siendo exactamente el que dicen.
También he sido víctima de dichos filtros en más de una ocasión, ya que mensajes totalmente legítimos que he enviado, han acabado en la carpeta de spam del destinatario. Que, precisamente, existe la carpeta de spam para permitirnos revisar si algo hay allí que debería estar en nuestra bandeja de entrada.
Y, recientemente, he tenido experiencias negativas con el correo electrónico que me han hecho replantearme el basar mis comunicaciones en este conducto y buscar alternativas.
Además de mi actividad periodística, también trabajo en el mundo asociativo y, precisamente, por una serie de tres eventos que he organizado recientemente, he mandado comunicaciones por correo electrónico con invitaciones a distintas organizaciones. El primer evento terminó con un fracaso de público, y tras hablarlo con compañeros de la organización, concluímos que, seguramente, no les había llegado la información.
Así que, para el segundo y el tercero, combiné el envío de los mensajes de correo con llamadas de teléfono individualizadas a cada uno de los invitados. Esto, además de para garantizar una mayor asistencia a dichos eventos, me sirvió para constatar un hecho: la mayoría de las organizaciones a las que mandé la invitación, no habían visto el mensaje de correo, bien porque este no les había aparecido en sus bandejas de entrada, bien porque se les había escapado de la vista con tanto mensaje acumulado.
Nuestras bandejas de entrada no solamente se llenan de spam; volviendo a mi tarea como periodista, muchas agencias mandan el mismo mensaje dos y hasta tres veces, y esto si no mandan en algún momento un correo preguntando si hemos recibido el mensaje original y si vamos a publicar algo al respecto. Cada día recibo no menos de doscientos mensajes de correo en mi bandeja de entrada, y eso en jornadas «tranquilas», sin contar la cantidad de correos que entran en días en los que se celebran eventos como el Mobile World Congress o el CES, y que pueden llegar a duplicar fácilmente el volumen que recibo habitualmente.
Digámoslo claramente: nuestros buzones de correo electrónico se han convertido en un vertedero con exceso de mensajes, donde lo importante se difumina y se pierde. En un contexto en el que cada vez tenemos menos tiempo para gestionar y lo que queremos es ir directamente al grano y leer aquello que nos interesa, nuestra bandeja de entrada se ha convertido en una autopista colapsada, impracticable.
Hablando de este tema con otras personas, otros profesionales del sector tecnológico, hemos concluído que es un problema generalizado. En el caso de un alto directivo de una multinacional que conozco, este me dijo que, directamente, ha desistido de gestionar el correo electrónico y, de hecho, que si alguna vez tengo que enviarle algo, que lo haga por WhatsApp.
El servicio de mensajería instantánea de Meta, junto a la mensajería de LinkedIn (red social profesional por excelencia) se han convertido en dos alternativas al correo electrónico para temas importantes. Como muestra, un botón: alguien me recomendó que para un primer contacto sobre un asunto importante, lo hiciera vía LinkedIn y, luego, ya podría incluir mensajes de correo en la conversación, especialmente si necesitaba poner a más personas en copia o enviar archivos adjuntos.
Es por todo esto que considero que, de alguna manera, debemos replantearnos el uso que le damos al correo electrónico, o bien qué herramienta usamos primordialmente para la comunicación profesional. Pero debe ser un planteamiento global, no a nivel personal.
Con un replanteamiento a nivel personal lo único que conseguimos es cambiar ciertas cosas en nuestro entorno, pero seguiremos perdiéndonos comunicaciones importantes que nos manden desde organizaciones y personas que no sigan nuestro mismo código de uso de los canales de comunicación.
Es imperativo que este debate se produzca porque, de seguir así la situación, el correo electrónico cada vez perderá más su razón de ser como la herramienta útil que en su día fue.
Guillem Alsina es director de Digital Inside España



