Sí hace un par de meses nos referíamos a un estudio australiano que sacaba a relucir las ventajas para salud mental del teletrabajo, ahora nos toca hablar de otro, referido a España, que trata el polo opuesto, ya que una de sus conclusiones es que un 21% de los trabajadores españoles que operan en remoto afirma que su salud mental se ha visto afectada negativamente.
El teletrabajo se ha consolidado en España tras la pandemia tal y cómo demostraba una de las últimas encuestas de población activa realizadas por el INE, pero su popularización ha traído consigo efectos secundarios que preocupan a empresas y empleados por igual. El modelo remoto, clave para la conciliación; ha pasado de ser una excepción a convertirse en una práctica habitual en los últimos cinco años, al calor de la demanda de flexibilidad por parte de la plantilla.
Según datos de la plataforma de terapia online Unobravo, que saca a relucir ese 21% de empleados descontentos con su rutina de teletrabajo, los principales desencadenantes de esta frustración con el trabajo remoto son: la reducción del contacto social (30%), la dificultad para desconectar al finalizar la jornada (30%) y la sensación de soledad (26%).
Ante este contexto, los espacios de coworking ganan terreno como válvula de escape al aislamiento, sin renunciar a la flexibilidad que demanda el talento digital. España cuenta ya con 1.036 centros (un incremento del 42% desde 2020) concentrados sobre todo en Madrid (172) y Barcelona (202), seguidas de Valencia, Málaga, Sevilla o Alicante.
El coworking rural gana terreno
Más allá de las grandes ciudades, está emergiendo una nueva generación de coworkings en entornos rurales que combina conectividad, comunidad y naturaleza. Estos proyectos buscan ofrecer un estilo de vida más pausado sin sacrificar productividad ni acceso a redes profesionales.
Un ejemplo ilustrativo es Traditional Dream Factory (TDF), enclavado en el Alentejo portugués, a dos horas de la frontera española. Allí, los profesionales compaginan las tareas del día a día con actividades regenerativas que van desde la plantación de árboles hasta los talleres de permacultura. El complejo funciona con energías renovables, se financia mediante su propio token ($TDF) y ha recibido a más de 3.000 visitantes, de los cuales 250 son miembros activos que participan en la gobernanza colectiva del espacio.
Para los responsables de TI en las empresas, este fenómeno subraya la necesidad de incorporar la salud mental en cualquier estrategia de trabajo híbrido o remoto. La inversión en herramientas colaborativas y políticas que favorezcan la socialización (ya sea a través de coworkings urbanos o rurales) puede convertirse en un factor diferenciador a la hora de atraer y retener talento cualificado en un mercado cada vez más competitivo.



