La inteligencia artificial se perfila como una tecnología de propósito general comparable por su alcance a hitos previos como la electrificación o la expansión de Internet, pero sus beneficios no se repartirán necesariamente de forma homogénea, según un trabajo publicado por la OCDE en su serie Artificial Intelligence Papers, en el cual examina cómo la IA puede influir en la brecha global de productividad, con foco específico en los países de renta baja (LICs, por sus siglas en inglés) y de renta media-baja (LMICs).
La argumentación del documento parte de que las desigualdades de la renta a nivel internacional siguen siendo acusadas: el PIB per cápita de los países de renta media-baja se sitúa aproximadamente en una vigésima parte del de las economías de renta más alta, y en el caso de los países de renta baja la relación se aproxima a una cincuentava parte.
El análisis utiliza un marco que descompone el impacto de la IA en tres elementos: la adopción (hasta qué punto empresas y trabajadores incorporan y usan la tecnología), la exposición (qué proporción de tareas y sectores puede beneficiarse de la IA) y las ganancias por tarea (mejoras de eficiencia al aplicar IA a tareas concretas).
En términos prácticos, “exposición” se entiende como el grado en el que el trabajo de una economía está compuesto por tareas susceptibles de apoyarse en sistemas de IA, mientras que las “ganancias por tarea” describen cuánto mejora la productividad cuando la IA se usa en actividades específicas.
El informe señala que la adopción per cápita de ChatGPT cae de forma marcada en los países de renta baja frente a los de renta alta y que, aunque crece en economías de renta alta y media, permanece baja en muchos países de renta media-baja y prácticamente nula en los de renta baja. La OCDE también subraya que, en estos contextos, ciertos factores pueden “bloquear” la adopción, más que simplemente reducirla, como, por ejemplo, la falta de acceso a la electricidad, o la ausencia de alfabetización básica.
Una parte sustancial de las barreras se concentra en las capacidades de la fuerza laboral. El documento destaca que el uso de chatbots de IA generativa se asocia en la práctica con un umbral mínimo de educación formal, ya que apenas aparecen usuarios sin escolarización, mientras que en los países de renta baja, una mayoría de la población no cuenta con educación formal y las tasas de alfabetización siguen siendo limitantes para interactuar con modelos de lenguaje mediante texto. A ello se añade que, aunque el soporte multilingüe progresa, el rendimiento suele ser superior en inglés, por lo que el dominio de este idioma puede convertirse en un factor adicional de acceso.
No obstante, el informe identifica un posible elemento a favor: la estructura demográfica; en promedio, los países de renta baja y media-baja cuentan con una fuerza laboral más joven, y la evidencia citada sugiere que los trabajadores jóvenes tienden a adoptar antes nuevas tecnologías. Aun así, la OCDE considera que este efecto sería moderado y no compensaría el conjunto de las desventajas estructurales.
En paralelo, la exposición sectorial condiciona el alcance de la IA, y desde la OCDE remarcan que los sectores con mayor exposición a la IA se concentran en servicios intensivos en conocimiento como, por ejemplo, actividades donde el trabajo gira en torno a información, análisis y procesamiento de contenidos, y que estos servicios tienen un menor peso en el PIB de los países de renta baja y media-baja, donde actividades como la agricultura y otras ocupaciones más manuales siguen siendo comparativamente más relevantes.
Pero, para un uso productivo de la IA no basta con “tener acceso”, sino que también importa la conectividad y su calidad. La OCDE describe cómo muchas soluciones, en especial las basadas en grandes modelos de lenguaje (LLM), se prestan desde la nube, lo que implica la dependencia de una infraestructura de conectividad y centros de datos de calidad, con impactos directos en la latencia.
La disponibilidad de electricidad emerge como un cuello de botella adicional. La OCDE indica que, en 2023, el acceso a electricidad alcanzaba aproximadamente al 47% de la población en países de renta baja y al 91% en países de renta media-baja, un factor que condiciona tanto el uso cotidiano como el despliegue de infraestructuras digitales y de computación.
En este punto, el documento también introduce el concepto de “continuo edge–cloud” como una arquitectura en la que parte del procesamiento se realiza en el dispositivo o cerca del usuario (en el “borde” de la red) y otra parte en plataformas cloud, para equilibrar capacidad, costes y dependencia de la conectividad.
El coste es el tercer gran freno, y en este aspecto el informe señala que la adopción “sistémica” de la IA en las empresas (cuando va más allá de pruebas aisladas y exige reorganización, capacitación y activos complementarios) conlleva costes fijos importantes. Incluso el gasto operativo puede ser desproporcionado respecto a los niveles de renta: la suscripción de uso intermedio de ChatGPT Plus, estimada en torno a 20 dólares al mes a mediados de 2025, equivaldría aproximadamente al 25% de la renta anual media en países de renta baja y al 10% en países de renta media-baja, según los cálculos recogidos.
Si se opta por modelos alternativos de menor coste y rendimiento algo inferior, el análisis indica que es posible encontrarlos, pero que alcanzar niveles de calidad por encima de la mediana puede seguir implicando desembolsos elevados para las capacidades financieras de estos países.
A estas variables se les añade la dimensión regulatoria. La OCDE apunta que marcos regulatorios e instituciones con capacidad de ejecución son relevantes para generar confianza frente a temores de fraude, sesgos o falta de fiabilidad, y para sostener inversiones en infraestructura. También menciona los principios de IA de la OCDE como referencia para reforzar aspectos como equidad, transparencia, robustez y rendición de cuentas.
El balance que propone el documento es explícito, y la OCDE concluye que, con las condiciones actuales, existe riesgo de que la IA profundice la brecha global de productividad, porque los obstáculos a la adopción y la menor exposición sectorial tienden a pesar más que los factores favorables.
En el apartado de políticas, el informe sitúa la adopción como el ámbito donde se puede actuar con mayor impacto en el corto plazo: inversión en infraestructura energética y de conectividad, desarrollo de capacidades y educación, acceso a financiación e institucionalidad.
A más largo plazo, plantea que la IA podría favorecer la convergencia si se facilita el acceso a la tecnología en ámbitos como salud y educación, y si se aprovechan los flujos internacionales de conocimiento mediante cooperación, interoperabilidad de datos y acceso a modelos “de frontera”, especialmente a través de enfoques abiertos.



