La inversión global en inteligencia artificial se ha multiplicado por seis en el último año. Pero un estudio del Instituto Tecnológico de Massachusetts indica que solo una cuarta parte de las empresas ha logrado integrarla plenamente en sus procesos y que la inmensa mayoría de los proyectos piloto vinculados a la variante generativa de esta tecnología no ofrecen beneficios medibles. El promotor del proyecto, Jonas Andrulis, identifica que el principal motivo de esta falta de rentabilidad radica en que las soluciones se implementan sin una conexión real con las operaciones de negocio y se despliegan al margen de la toma de decisiones organizativas.
Andrulis, fundador y CEO de la startup señaló: “Muchas empresas están implementando inteligencia artificial sin lograr las ganancias de productividad esperadas. En muchos casos, el problema no es la tecnología en sí, sino que las soluciones de IA no están suficientemente conectadas con las operaciones reales de negocio y se despliegan sin estar integradas en los procesos de toma de decisiones. Estamos desarrollando un nuevo tipo de IA colaborativa que integra sistemáticamente la experiencia humana y está diseñada específicamente para entornos empresariales complejos”.
Para dar respuesta a este desafío industrial, el emprendedor ha fundado una nueva compañía de inteligencia artificial colaborativa que integra sistemáticamente la experiencia y el criterio humano en los flujos de trabajo corporativos complejos. Esta tecnología, de carácter agnóstico y capaz de operar sin depender de las infraestructuras informáticas preexistentes del cliente, está concebida para identificar en qué momento resulta necesario el juicio de las personas e involucrarlas directamente en la ejecución de las tareas. Manteniéndolas en el centro de la lógica de decisión por encima de los modelos tradicionales de supervisión humana.
La firma de consultoría Roland Berger se ha convertido en el único socio inversor del proyecto mediante una aportación de decenas de millones de euros. Más allá de la mera inyección de capital, la consultora justifica su participación explicando que los fallos de la IA en la industria no suelen deberse a la capacidad de cómputo, sino a una falta de comprensión de las responsabilidades y procesos del cliente. Al aportar este conocimiento corporativo, la nueva empresa independiente puede ensayar su código con casos empresariales reales desde el primer momento, evitando un desarrollo limitado exclusivamente a entornos de laboratorio.
Como muestra de esta implicación operativa, el socio director global de Roland Berger, Stefan Schaible, asumirá el cargo de director de operaciones en la nueva entidad para encargarse de construir la estructura interna y de comercializar la plataforma resultante. En la actualidad, la iniciativa se encuentra en plena fase de desarrollo de su tecnología propia, centrando sus prioridades iniciales en la ejecución de las primeras pruebas piloto y en una estrategia de contratación enfocada en atraer talento especializado para sustentar su futuro crecimiento.



