Esto no es la nube, solo son los ordenadores de otras personas

El reciente fallo global de Cloudflare nos demuestra que el concepto de la nube no está bien implementado, aunque deben ser evidentes las dificultades de hacerlo en servicios que afectan a millones.
25 de noviembre, 2025
Guillem Alsina

Como reza aquel famoso meme, no existe tal cosa cómo la nube, sólo son los ordenadores de otras personas. Es decir, servidores que dependen de alguien o de alguna empresa.

El concepto canónico de la nube incluye elementos como el auto aprovisionamiento según las necesidades (lo que implica elasticidad del servicio), pooling de recursos para asignar y reasignar dichos recursos físicos y virtuales en función de la demanda, o medición del uso de los servicios para su correcta adecuación a la demanda, pero no parece haber en ningún lugar una mención a una tolerancia a fallos estricta, aunque por todos los elementos que componen la definición, esta se infiere.

Es decir, la nube debe ser, conceptualmente, una serie de servidores interconectados que permiten que, cuando uno falla, los usuarios que están conectados a este, son automáticamente reconectados a otro, de forma que pueden seguir utilizando el servicio como si no hubiera pasado nada, o con una pérdida mínima de tiempo y trabajo realizado.

Y, actualmente, todas las grandes empresas (Amazon, Oracle, Microsoft,…) nos venden sus nubes bajo este concepto que, si bien no explícitamente, sí implícitamente, nos da a entender que puede ser tolerante a fallos.

Desde luego, fallos globales en estos servicios hay pocos, pero, y cómo dicen de les meigas en Galicia, haberlos, haylos, y cuando se producen, su afectación es notoria porque son muchos los usuarios de todo el mundo que se hallan con dificultades para llevar a cabo su trabajo.

Si alguno de ustedes que lee estas líneas, no se ha encontrado nunca en esta situación, acuérdese de cómo pasó el día del “gran apagón” que dejó sin luz durante buena parte de la jornada a España y Portugal.

Algo parecido debieron sentir los usuarios que necesitaban imperiosamente, y para su trabajo rutinario, servicios que dependían de Cloudflare, una empresa que ofrece una nube repartida geográficamente por todo el mundo para la entrega de contenido, y que sufrió un fallo global el pasado día 18 que afectó a servicios como X (Twitter), Spotify, ChatGPT, Sora, Microsoft Copilot o el juego League of Legends, entre otros.

Este fallo en el servicio es aducido por la empresa no a un ciberataque, sino a un bug en el código fuente de sus soluciones que, debido a una punta de tráfico, colapsaron.

Lo ocurrido choca frontalmente con la idea de la nube y la resiliencia que esta debería aportar, evitando los cuellos de botella en los servicios (entendidos estos como grupos de unos pocos servidores que realizan una tarea concreta pero vital) y distribuyendo las cargas entre la infraestructura global.

Entiendo que, tanto desde el punto de vista arquitectural, como por los costes asociados a la infraestructura necesaria, es harto difícil crear una nube que siga puramente esta premisa, pero la industria tecnológica debería tender hacia ello para garantizar que los servicios online -de los que dependemos más cada día- son resilientes a estos fallos.

Lo que deberíamos conseguir es, pues, que estos problemas dejen de ser globales y se conviertan, como mucho, en locales, afectando solamente a un subgrupo de servidores y disponiendo de las facilidades para recolocarlos rápidamente en conexión con otra parte de la nube que no haya caído.

Esto sí sería el concepto de nube en toda su extensión, y no lo que tenemos ahora que, por práctico que sea, no deja de ser “ordenadores de otras personas”.


Guillem Alsina es director de Digital Inside España