Según apunta el último estudio de Ookla sobre la adopción de la tecnología de conectividad inalámbrica Wi-Fi, la adopción de las distintas generaciones de este tipo de conectividad muestra un cambio significativo de los usuarios hacia el estándar de sexta generación entre 2022 y 2026. Las tecnologías más antiguas, como la cuarta y la quinta, han experimentado un descenso continuado, situándose en el primer trimestre de 2026 en un 34% y un 39% de cuota mundial respectivamente. En contraste con estas dos generaciones, la sexta ha pasado de representar el 6% en 2022 al 27% cuatro años después.
El desarrollo del estándar de la séptima generación de la conectividad Wi-Fi, conocido técnicamente como 802.11be, inició su fase de borrador en marzo de 2021. Aunque los primeros dispositivos comerciales compatibles aparecieron a principios de 2023, la aprobación oficial de la tecnología no llegó hasta 2024, con la publicación de la versión definitiva del estándar fijada para julio de 2025.
A nivel global, la banda de los 5 GHz se mantiene como la opción mayoritaria para las conexiones, aglutinando casi el 60% de los usuarios en 2026 debido a su disponibilidad sin licencia en la práctica totalidad de los países. Por su parte, el uso de la banda de los 6 GHz presenta una gran fragmentación internacional, captando un 1,7% de las conexiones mundiales en 2026.
En América del Norte, el uso de estas nuevas frecuencias se ha multiplicado por seis en apenas dos años, pasando de un 2,2% a principios del 2024 a un 13,8% en 2026. En el continente europeo, el uso de esta banda se mantiene en un reducido 1,6%, con diferencias entre naciones como Suiza, que registra un mayor uso de estándares modernos, frente a las cifras más bajas de Irlanda o Chequia.
En el mercado latinoamericano, y a pesar de existir un marco regulatorio para la banda de los 6 GHz, el uso real es del 0,1% a causa del lento despliegue comercial y, en Asia, China ha optado por reservar la totalidad de la banda de los 6 GHz para comunicaciones móviles, mientras que Singapur registra un 25% de usuarios en la séptima generación inalámbrica gracias a las políticas gubernamentales para impulsar conexiones de banda ancha de alta velocidad y la entrega de equipos compatibles por parte de los operadores.
En cuanto a las limitaciones técnicas para la adopción de estas nuevas tecnologías, los datos revelan que los terminales de los usuarios no suponen un obstáculo. Más del 60% de los teléfonos móviles a nivel mundial son compatibles con la sexta generación inalámbrica o versiones posteriores. Sin embargo, el sector se enfrenta a un desafío económico derivado de la alta demanda de componentes para infraestructuras de inteligencia artificial, una situación que ha encarecido las memorias y procesadores, lo que incrementa los costes de fabricación de los equipos y dificulta la distribución de dispositivos avanzados por parte de los proveedores de servicios de Internet.
De cara a los próximos años, los pronósticos de la industria apuntan a una paulatina consolidación de los estándares actuales. Se estima que en 2030 la sexta generación será la tecnología mayoritaria con un 62% de cuota, mientras que la séptima generación alcanzará un 13,8% del equipamiento de consumo. Paralelamente, se prevé que en el año 2028 empiecen a comercializarse los primeros equipos de la octava generación, los cuales dejarán en un segundo plano la velocidad máxima para priorizar la fiabilidad, la reducción de la latencia, la eficiencia energética y la estabilidad en entornos corporativos y domésticos con múltiples dispositivos conectados.
Sobre España, una única mención en el estudio: es uno de los países con mayor cobertura de fibra del mundo, aunque este selecto grupo ve un pobre uso de la banda de los 6 GHz. ¿Tendrá alguna relación con el uso y mantenimiento de los routers que regalan las compañías proveedoras?



