La transformación digital de las empresas españolas experimenta un cambio de tendencia. Después de años centrando las inversiones en programas informáticos, automatización o en la externalización de servidores, la prioridad técnica se orienta ahora hacia la fiabilidad de la información original. Las estadísticas del Instituto Nacional de Estadística del año 2025 reflejan que más de una quinta parte del tejido empresarial español ya implementa IA. Mientras que casi la mitad recurre a servicios de pago en la nube. En este escenario, que registra crecimientos interanuales superiores al 22% en el mercado nacional, la gestión documental asume un papel fundamental. Los responsables técnicos de PFU en la península ibérica advierten que alimentar los sistemas de IA con datos inconsistentes o incompletos supone un grave riesgo operativo, equiparable a manejar un vehículo de alta competición sin visibilidad.
Jesús Cabañas, Regional Sales Manager de PFU (EMEA) Limited Iberia señala: “Los escáneres y la captura del dato de calidad, por el gran desarrollo de la IA, han pasado de ser algo destinado a necesidades empresariales concretas, casi podría decir una infraestructura auxiliar, a convertirse en un elemento crítico para cualquier organización. El dato y el negocio de la IA lo mueven todo a un ritmo vertiginoso. La Inteligencia artificial ha venido para convertirse en un gran acelerador de las operaciones empresariales y un agente transformador de los procesos internos. Hay una urgente necesidad de convertir los documentos en datos de calidad y en conocimiento estratégico. El uso de datos inconsistentes, incompletos o simplemente de baja calidad para entrenar y explotar la IA es un riesgo similar, que conducir un formula 1 a 300Km por hora con la visera del casco borrosa”.
Hasta fechas recientes, muchos proyectos de digitalización corporativa se limitaban a crear copias visuales de los papeles, sin extraer el conocimiento contenido en ellos. Lo que suponía replicar el flujo de trabajo físico en una pantalla. Para corregir esta situación, la estrategia actual del fabricante japonés pasa por proveer sistemas combinados de dispositivos físicos y programas informáticos capaces de transformar contratos, facturas o historiales médicos en información estructurada y precisa. El objetivo principal es generar bases de datos fiables que eviten las respuestas erróneas de la IA. Una exigencia ineludible en sectores que manejan altos volúmenes de documentos, como las entidades financieras, la administración pública, la sanidad y los centros educativos. Las actualizaciones técnicas en el catálogo de la firma asiática incluyen mejoras que optimizan la nitidez de la captura y el uso de herramientas de procesamiento que identifican caracteres manuscritos de imprenta, preparando así los archivos para los requerimientos analíticos actuales.
Este enfoque hacia la estructuración del dato se sustenta en una trayectoria industrial que abarca seis décadas. La empresa matriz lanzó su primer equipo de captura de imágenes en el año 1983 y, desde entonces, ha introducido mejoras técnicas como la detección de la alimentación múltiple por ultrasonidos para evitar la pérdida de páginas durante el proceso. En la actualidad, con un registro histórico que supera los quince millones de unidades comercializadas a nivel global, sus cuotas de participación en el sector alcanzan el 71% en el mercado japonés, superan el 40% en Norteamérica y representan un tercio de las ventas en el continente europeo.
La digitalización como salvaguarda del patrimonio cultural
Más allá del ámbito estrictamente corporativo, la captura avanzada de datos se orienta también hacia la protección de los archivos eclesiásticos y civiles, vulnerables ante posibles catástrofes naturales o fallos humanos. La corporación asiática ha comenzado a desplegar proyectos específicos para conservar y hacer accesibles millones de textos legados por la historia.
Un ejemplo representativo de esta línea de trabajo es el acuerdo alcanzado con el Dicasterio para la Comunicación del Vaticano, una institución impulsada por el papa Francisco, que utiliza los equipos de la marca para digitalizar documentos con más de un siglo de antigüedad y facilitar así las labores de los investigadores. En el caso del mercado español, las estimaciones del Instituto Cervantes apuntan a la existencia de cientos de millones de unidades documentales distribuidas en más de treinta y seis mil bibliotecas, museos y registros, un volumen de información pública y privada que requiere ser procesada adecuadamente para asegurar su supervivencia y utilidad académica futura.



