Microsoft y OpenAI han hecho público un acuerdo que modifica los términos de la relación comercial y tecnológica que ambas compañías mantienen desde hace años, con el objetivo de simplificar la relación y dotarla de mayor previsibilidad, al mismo tiempo que el nuevo texto abre la puerta a que cada parte explore oportunidades de negocio por su cuenta.
Desde las dos firmas se justifica la actualización de su acuerdo en la velocidad a la que avanza la innovación en inteligencia artificial, un ritmo que, según indican en el comunicado conjunto, exige adaptar el marco de cooperación para seguir aportando valor tanto a sus clientes como a los propios socios.
Uno de los puntos centrales del acuerdo afecta a la infraestructura en la nube sobre la que se despliegan los servicios de OpenAI, con Microsoft conservando su condición de socio principal de nube por parte de OpenAI, y los productos de la compañía dirigida por Sam Altman seguirán lanzándose en primer lugar sobre Azure, la plataforma de servicios en la nube de Microsoft. No obstante, nos encontramos con una salvedad relevante: si Microsoft no pudiera o no quisiera dar soporte a las capacidades técnicas que un determinado producto requiera, OpenAI podrá recurrir a otro proveedor.
Más allá de esa primacía inicial, OpenAI queda autorizada a ofrecer la totalidad de sus productos a clientes alojados en cualquier proveedor de servicios en la nube, lo que rompe con el carácter prácticamente cerrado que tenía hasta ahora la distribución de su tecnología.
En lo que respecta al acceso a la tecnología desarrollada por OpenAI, el acuerdo prolonga la vigencia de los derechos de Microsoft y, así, la compañía de Redmond mantendrá una licencia sobre la propiedad intelectual de modelos y productos de OpenAI hasta el año 2032. Sin embargo, se introduce un cambio de calado respecto a la situación anterior, ya que dicha licencia pasa a tener carácter no exclusivo, lo que significa que OpenAI podrá conceder derechos similares a otros actores del mercado.
El componente financiero del pacto también ha sido objeto de revisión; Microsoft deja de abonar un porcentaje de ingresos a OpenAI, una práctica que formaba parte de los términos previos y, en sentido contrario, los pagos de reparto de ingresos que OpenAI realiza a Microsoft se mantendrán hasta 2030, conservando el mismo porcentaje pactado con anterioridad, si bien ahora quedan sometidos a un tope máximo acumulado. Este flujo seguirá produciéndose con independencia de los avances tecnológicos que OpenAI consiga durante ese periodo.
A todo ello se suma que Microsoft continúa siendo uno de los principales accionistas de OpenAI, por lo que sigue participando de forma directa en el crecimiento económico de la firma.
Pese a la simplificación del marco contractual, ambas empresas subrayan que la magnitud de los proyectos compartidos no se reduce, y que entre las líneas de trabajo conjuntas que se seguirán de ahora en adelante, figuran el despliegue de nueva capacidad de centros de datos a escala de gigavatios, la colaboración en el diseño de silicio de próxima generación para cargas de trabajo de la IA, y la aplicación de inteligencia artificial a la mejora de la ciberseguridad, entre otras.
Con esta revisión, las dos firmas buscan dotar de flexibilidad y certidumbre a su alianza.



