Los videojugadores ¿un pool de talento oculto para la ciberseguridad?

Con más de tres mil millones de potenciales trabajadores, el de los gamers constituye seguramente el mayor pool de talento del mundo, un talento que ya el estamento militar supo ver en su momento, y del que ahora la ciberseguridad puede ganar.
10 de septiembre, 2025

En un articulo recientemente publicado en Help Net Security, Sinisa Markovic, Senior Staff Writer de la misma revista, afirma que los gamers (es decir, aquellos aficionados que juegan a videojuegos) puede constituir un pool de talento para el ámbito de la ciberseguridad, habida cuenta que las habilidades que se desarrollan con los juegos, que pueden ser muy útiles en este ámbito laboral.

En el ámbito corporativo, responsables de respuesta a incidentes subrayan que la experiencia en el juego competitivo favorece rasgos como la resiliencia, y puede orientar una trayectoria profesional en ciberseguridad. Los videojuegos y determinados puestos de ciberseguridad comparten capacidades cognitivas clave: en ambos casos se exige identificar patrones, anticipar movimientos, tomar decisiones rápidas y resolver problemas bajo presión.

Más allá de lo técnico, el juego desarrolla las llamadas soft skills, cómo el pensamiento creativo, la conciencia emocional y hábitos de retroalimentación —darla y recibirla—, competencias no técnicas difíciles de inculcar en el aula, pero relevantes en operaciones de seguridad.

También existe un paralelismo motivacional: la ciberseguridad puede resultar especialmente atractiva para perfiles gamer porque, como en muchos títulos, se trata de detectar amenazas, ayudar a otros y frenar a quienes intentan causar daño.

En equipos de respuesta a incidentes y centros de operaciones de seguridad, la coordinación es decisiva. Los entornos multijugador y cooperativos favorecen la comunicación, la sincronización y la gestión del estrés, las mismas destrezas que se ponen a prueba cuando un SOC debe investigar alertas simultáneas o contener un incidente. Profesionales del sector apuntan a que esta base facilita la transición de la afición al ejercicio profesional, siempre que se complemente con formación específica.

Para cubrir vacantes difíciles, las organizaciones pueden explorar comunidades de juego, competiciones de tipo CTF y certificaciones de entrada como vía de detección y cualificación de talento. Los jugadores que quieran dar el salto a la ciberseguridad pueden empezar en foros y servidores de Discord donde se comparten recursos, se plantean dudas y se participa en retos de «capturar la bandera», unas pruebas que se asemejan a las situaciones reales, fomentan el trabajo en equipo y mejores prácticas, y ayudan a tejer una red de contactos que a menudo deriva en mentorías u oportunidades laborales.

La estructuración del aprendizaje y la acreditación formal son los pasos siguientes: certificaciones iniciales (el artículo cita la CompTIA IT Fundamentals estadounidense) permiten introducir los fundamentos de TI y seguridad y proporcionan una credencial reconocida por los empleadores.

Cuando el objetivo es avanzar más allá del nivel principiante, Security+ suele considerarse el primer certificado ampliamente aceptado, según el mismo artículo (en España y Europa, probablemente podríamos encontrar otras referencias). En conjunto, programas, competiciones y certificaciones construyen un itinerario con habilidades prácticas y evidencias de progreso verificables por los departamentos de RRHH.

Finalmente, el texto acaba citando una serie de ejemplos en forma de iniciativas que se celebran en los Estados Unidos, y dedicadas a plantar semillas en los más jóvenes para orientarlos hacia el sector de la ciberseguridad identificando el principal talento, lo que permite facilitar sus estudios y su acceso al mundo laboral. Este tipo de propuestas permite a las compañías identificar potencial y preparar cantera con visión de futuro.

Desde el ámbito de la formación especializada se insiste en que normalizar la captación de talento por vías no tradicionales facilita la entrada de colectivos infrarrepresentados y fortalece la respuesta del sector ante un espectro de amenazas cada vez más variado.

El encaje profesional de los perfiles con trasfondo gamer es amplio. Los conocimientos y hábitos adquiridos en juego competitivo pueden trasladarse a funciones de ethical hacking —exploración de sistemas y búsqueda de vulnerabilidades— y a pruebas de penetración, donde pesan la estrategia, la adaptabilidad y la toma de decisiones en tiempo real.

También resultan útiles en análisis de seguridad de juegos en línea, un rol orientado a detectar trampas, anticipar comportamientos y mitigar debilidades de plataformas y títulos. Por último, en equipos de respuesta a incidentes, la experiencia en cooperación multijugador prepara para trabajar coordinadamente, comunicar con claridad y priorizar tareas bajo presión.

El artículo cita un potencial de más de tres mil millones de gamers existentes en el mundo (aproximadamente, un tercio de toda la humanidad), que conforman un potencial caladero de profesionales al que las organizaciones pueden recurrir para reforzar equipos y cubrir puestos críticos.

El interés por este perfil no es nuevo: el sector militar fue de los primeros en reconocer el valor de las habilidades de los gamers, ya fuera para sus fuerzas convencionales (recordemos iniciativas como el videojuego America’s Army), o para sus fuerzas del ciberespacio.