El panorama de la seguridad para las corporaciones de tecnología ha experimentado una transformación que se refleja claramente en los flujos de capital. Durante el año pasado, la financiación de capital riesgo dirigida a empresas emergentes del sector de la defensa aumentó hasta los 49.100 millones de dólares, frente a los 27.200 millones del ejercicio anterior, según los cálculos de la consultora PitchBook. Los sistemas autónomos acapararon la mayor parte de estos fondos, mientras que las tecnologías contra vehículos aéreos no tripulados y la fabricación autónoma se consolidaron como áreas prioritarias de inversión.
En paralelo a esta inyección de capital privado, el gasto gubernamental también creció, tal y como refleja el informe anual de la OTAN, que señala un incremento del 20% en el presupuesto de defensa de los aliados europeos y Canadá respecto a 2024. En el ámbito puramente europeo, las empresas emergentes centradas en la seguridad y la resiliencia captaron 8.700 millones de dólares durante el año pasado, destacando el rápido crecimiento en el volumen de operaciones dentro de la región de Europa Central y Oriental, según datos conjuntos publicados por Dealroom y el fondo de innovación de la OTAN.
Este incremento generalizado en la inversión responde a incidentes materiales que han afectado directamente a la operativa de empresas privadas. Ya el año pasado, la incursión de un dron en Polonia provocó alteraciones en el funcionamiento de aeropuertos y en las operaciones de la aerolínea Ryanair. La tensión se ha trasladado y agudizado en el presente ejercicio. El primero de abril, los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria de Irán emitieron amenazas de ataque contra diversas corporaciones tecnológicas vinculadas a Estados Unidos que mantienen operaciones en Oriente Medio. En estas comunicaciones se mencionó a firmas como Google, Microsoft, Apple y Nvidia, presentándolo como una respuesta a las ofensivas estadounidenses e israelíes en territorio iraní.
A principios de ese mismo mes, las autoridades lituanas llevaron a cabo simulacros en las instalaciones del productor de fertilizantes Achema para practicar la respuesta ante un hipotético ataque aéreo que desencadenara un incendio y un accidente químico grave. De forma casi simultánea a estas maniobras preventivas, las operaciones en la nube de Amazon Web Services ubicadas en Bahréin sufrieron daños por segunda vez a causa del impacto de un dron en las proximidades de sus instalaciones, en el contexto del conflicto en Oriente Medio.
Ante esta sucesión de acontecimientos, Daiva Rakauskaitė (directiva de la gestora de fondos Aneli Capital); señala que las infraestructuras privadas que sustentan servicios esenciales se han convertido en objetivos susceptibles de ser atacados. La analista explica que la reducción de costes y el constante perfeccionamiento técnico de las naves no tripuladas facilitan que las agresiones contra el sector corporativo se vuelvan un fenómeno habitual. Por ello, la ejecutiva considera que las corporaciones deben prepararse e invertir en sistemas de defensa para proteger sus operaciones.
Rakauskaitė indica que la situación geopolítica actual puede acelerar el flujo de capital hacia los sistemas antidrones y debe servir como advertencia para las organizaciones que gestionan activos críticos. No solo en Oriente Medio, sino también a lo largo del flanco oriental de la OTAN, donde los objetos voladores procedentes de países vecinos ya han causado interrupciones logísticas.
Como medida de mitigación, la directiva recomienda que las compañías aprovechen el actual incremento de las inversiones en tecnologías de defensa para reevaluar su exposición al riesgo. Este replanteamiento organizativo debería abarcar desde la protección física de los recintos hasta la actualización de los protocolos de crisis y la revisión profunda de las coberturas de los seguros, con el fin de salvaguardar la continuidad del negocio, la reputación corporativa y la integridad de los empleados.
Finalmente, Rakauskaitė subraya que los países de Europa Central y Oriental, incluidos los Estados bálticos y Polonia, poseen las condiciones adecuadas para conformar un centro neurálgico de desarrollo de tecnologías de protección de doble uso civil y militar. Esta ventaja estratégica se apoya en la disponibilidad de talento técnico en la región y en su proximidad geográfica a Ucrania, un factor que permite poner a prueba estas nuevas soluciones tecnológicas en entornos operativos reales.



