Históricamente, el mantenimiento de la seguridad física en las empresas obligaba a los responsables de tecnología a elegir entre conservar los sistemas íntegramente en servidores propios o trasladar toda la infraestructura a entornos en la nube. En este escenario tradicional, el mayor obstáculo para modernizar las instalaciones ha sido el temor a desechar inversiones previas en cámaras, sensores y lectores de acceso. A este freno económico se sumaba la gran dificultad técnica que supone para los departamentos informáticos mantener actualizados múltiples equipos dispersos geográficamente para evitar posibles vulnerabilidades en la red corporativa.
Sin embargo, la tendencia del mercado muestra un claro cambio de estrategia hacia opciones tecnológicas más flexibles. Según los datos del informe sobre el «Estado de la Seguridad Física 2026» elaborado por la compañía desarrolladora de software Genetec, los despliegues híbridos en los sistemas de seguridad física han aumentado del 43 al 45% en el último año. En paralelo a este crecimiento constante, las configuraciones basadas exclusivamente en servidores locales han experimentado un leve descenso interanual hasta situarse en el 48% de la cuota de mercado.
Estas cifras reflejan de manera clara que las organizaciones buscan beneficiarse de las ventajas operativas de la nube sin perder el control sobre sus datos ni verse obligadas a realizar sustituciones masivas de hardware. En este contexto técnico, los dispositivos físicos administrados de manera remota actúan como la vía de transición más utilizada en la actualidad. Estos equipos intermediarios permiten vincular la infraestructura de vigilancia existente a los servicios digitales de forma gradual. Facilitando que cada sede corporativa, oficina o almacén remoto pueda evolucionar a su propio ritmo sin depender del resto de la organización.
Representantes de la dirección comercial de Genetec para el sur de Europa señalan que este modelo de integración evita alteraciones disruptivas en las operaciones diarias, puesto que permite añadir nuevas capacidades telemáticas al tiempo que se mantienen los sistemas locales allí donde las necesidades del negocio o las normativas estrictas lo requieren. Además de unificar la visión global de la empresa mediante una única plataforma centralizada, la automatización de los parches de ciberseguridad a través de estos dispositivos es el principal motivo que impulsa su adopción por parte de las empresas. La centralización informática de las actualizaciones evita desplazamientos innecesarios del personal técnico a las distintas delegaciones y garantiza la protección de la información crítica ante posibles fallos mecánicos de los equipos. Por consiguiente, la transición hacia arquitecturas en la nube en este sector se consolida como una evolución progresiva y a medida de cada compañía, alejándose del concepto de una migración drástica e irreversible.



