La integración de las nuevas tecnologías de automatización en los entornos corporativos está alterando profundamente las exigencias que soportan las infraestructuras de telecomunicaciones, y un reciente estudio sobre el impacto de estas herramientas en las redes de campus y sucursales llevado a cabo por Cisco en colaboración con Foundry, revela que el rápido despliegue de los grandes modelos de lenguaje y la inteligencia artificial basada en agentes está sometiendo a las redes corporativas a una presión sin precedentes.
Actualmente, un tercio de las organizaciones a nivel mundial ya ha implementado este tipo de inteligencia artificial a gran escala en sus operativas diarias. Además, una inmensa mayoría de estas corporaciones prevé una expansión significativa de su uso en los próximos dos años. Como consecuencia directa de esta adopción masiva, las previsiones apuntan a que el volumen de datos generado por esta tecnología experimentará un crecimiento del 235% en un plazo de tres años, lo que supondrá más que triplicar el tráfico de red existente.
Este incremento masivo se explica por la propia naturaleza de las nuevas herramientas; a diferencia de los usuarios humanos, los programas autónomos funcionan a la velocidad de las máquinas, ejecutando múltiples llamadas a interfaces de programación, consultas a bases de datos y deducciones en cuestión de segundos. Además, mientras la inteligencia artificial generativa tradicional requería un intercambio de información predominantemente vertical entre el usuario y el servidor central, los nuevos agentes automatizados generan un intenso tráfico lateral al necesitar comunicarse constantemente entre sí y con otros dispositivos para resolver problemas de manera conjunta.
Junto al volumen de la información, otro aspecto crítico es la fragilidad de estos procesos frente a los fallos de transmisión. Los profesionales con mayor experiencia en estas implementaciones señalan que las operativas corporativas basadas en automatización son extremadamente vulnerables a cualquier problema de conectividad y ancho de banda, siendo altamente dependientes de la fiabilidad del tiempo de actividad, de la latencia en las respuestas, y de la posible pérdida de paquetes de datos. Una interrupción menor, que pasaría inadvertida para una aplicación tradicional, puede paralizar el funcionamiento de un agente inteligente.
Ante este escenario de exigencia técnica, menos de un tercio de las organizaciones considera que sus instalaciones están totalmente preparadas para absorber el crecimiento proyectado. De hecho, un 76% de los encuestados reconoce la necesidad de acometer actualizaciones urgentes y tres cuartas partes de los responsables tecnológicos admiten que sus redes alcanzarán su límite de capacidad en los próximos veinticuatro meses.
Dentro de las infraestructuras de área local y sucursales, las redes inalámbricas se están posicionando como el principal cuello de botella, siendo señaladas por más de la mitad de los compradores de tecnología como el área que exige mayores incrementos de capacidad.
A pesar de que los responsables de tecnologías de la información muestran una gran confianza en las estrategias corporativas que han diseñado, existe una clara desconexión con la realidad técnica de sus redes. Aunque las restricciones presupuestarias son citadas como el principal obstáculo por la mayoría de las organizaciones, prácticamente la totalidad de las empresas tiene previsto modernizar sus sistemas de comunicaciones para evitar que la red se convierta en el factor que determine el fracaso de sus proyectos.
Finalmente, el despliegue de estas herramientas ha expandido las superficies de ataque y ha complicado notablemente la seguridad corporativa. Nueve de cada diez empresas afirman tener dificultades para mantener sus defensas actualizadas frente a las nuevas amenazas, y un número similar admite haber sufrido ya algún tipo de perjuicio relacionado con estas tecnologías.
A esto se le suma una creciente brecha en la capacidad de observación, dado que las herramientas de monitorización tradicionales presentan serias dificultades para supervisar los flujos de comunicación que se producen entre los programas autónomos.
Las conclusiones del informe evidencian que mejorar la resiliencia de la red, actualizar la seguridad adaptativa y ampliar la capacidad de monitorización han dejado de ser procesos secundarios para convertirse en requisitos indispensables. Solo aquellas compañías que integren la modernización de sus redes como un pilar fundamental de su estrategia tecnológica podrán garantizar el éxito en la próxima generación de operativas empresariales.



