Las empresas priorizan el desarrollo de software interno mediante IA, frente a la compra de soluciones comerciales

La adopción de nuevas tecnologías mejora la productividad, pero no genera aún un impacto económico significativo, lo que impulsa a las empresas a rediseñar sus procesos y crear aplicaciones propias mediante agentes de codificación, reduciendo la dependencia de software de terceros.
11 de septiembre, 2026
Digital Inside_Ia_software

El tejido empresarial global continúa integrando de forma masiva las nuevas tecnologías en sus operaciones diarias. Según los datos correspondientes al año 2026 presentados en el estudio elaborado por la consultora McKinsey, la adopción de la IA alcanza ya al 89% de las organizaciones en al menos una de sus funciones de negocio. A nivel individual, la percepción es ampliamente positiva, puesto que 8 de cada 10 profesionales aseguran que el uso de estas herramientas ha incrementado su productividad. Así mismo, la mitad de los trabajadores afirma que este avance técnico facilita la toma de decisiones, y un porcentaje similar destaca su utilidad para adquirir nuevas competencias.

A pesar de esta mejora generalizada en la eficiencia personal, la traducción de estos avances a las cuentas de resultados corporativas resulta menos evidente. El porcentaje de compañías que reportan un impacto positivo en sus beneficios operativos se mantiene en el 37%, una cifra que no muestra variaciones respecto a los registros del ejercicio anterior. Esta disparidad temporal entre la productividad individual y el rendimiento económico general indica que la simple adopción de la tecnología resulta insuficiente para garantizar un retorno de la inversión a corto plazo.

De hecho, solamente un reducido grupo que representa el 6% de las organizaciones analizadas logra extraer un valor económico significativo, aportando al menos un 5% a sus beneficios operativos. El patrón común de estas corporaciones radica en que 3 de cada 4 han rediseñado por completo sus procesos de trabajo, en claro contraste con el 25% registrado en el resto del mercado.

Carlos Fernández Naveira, socio de McKinsey & Company, asegura: «Existen organizaciones que están desplegando la IA mucho más rápido, comenzando a ver el impacto y creando mayor valor gracias a esta tecnología. La implantación de la IA y agentes de desarrollo de software es uno de los dominios con mayor impacto. La tendencia que vemos en las organizaciones es el incremento en autonomía, seleccionando que construyen, cómo rediseñan los procesos y qué soluciones compran.” 

Uno de los cambios más notables que revela el análisis es la profunda alteración de las estrategias de adquisición tecnológica por parte de los responsables de TI. Las organizaciones están apostando por incrementar su autonomía técnica, un movimiento que se materializa en que un 32% de las empresas ha cancelado la compra de aplicaciones comerciales para desarrollarlas internamente mediante el uso de agentes de codificación de software. Se trata de herramientas capaces de asistir en la programación y ejecutar tareas de manera autónoma, cuya penetración alcanza ya a casi un tercio de las grandes corporaciones corporativas. Determinados sectores como el tecnológico, el ámbito sanitario, la energía y los servicios profesionales encabezan esta tendencia hacia la autosuficiencia operativa.

Distintos representantes de la firma consultora responsable del informe apuntan a que los agentes autónomos de desarrollo informático constituyen actualmente uno de los campos con mayor impacto en el mercado profesional. La tendencia generalizada apunta hacia una mayor independencia de los departamentos técnicos, de modo que los responsables de sistemas deciden de manera proactiva qué herramientas construyen a medida. Reduciendo progresivamente su dependencia tradicional de los proveedores externos de software comercial.

Si bien los sistemas conversacionales básicos de atención y consulta continúan siendo la opción predominante a nivel global, presentes a gran escala en casi la mitad del mercado, la implantación profunda de soluciones autónomas en múltiples áreas del negocio crece de forma constante, pasando del 38% en 2025 al 44% en la actualidad. Las grandes corporaciones que superan los mil millones de dólares en ingresos impulsan este despliegue masivo. Mientras que las empresas de menor tamaño muestran un estancamiento en la incorporación de este tipo de agentes.

El avance en la implantación tecnológica conlleva también desafíos operativos, especialmente en el ámbito de los costes de infraestructura. El gasto derivado del procesamiento de datos y de los tokens, las unidades básicas de información digital que manejan estos sistemas, supone un obstáculo financiero para una de cada cinco empresas. Esta limitación de costes afecta con mayor intensidad a las instituciones financieras y a las propias empresas del sector tecnológico. Pese a estos obstáculos económicos, 6 de cada 10 organizaciones tienen previsto aumentar su presupuesto destinado a esta tecnología durante los próximos 12 meses, siendo la industria farmacéutica, el sector asegurador y la banca los principales impulsores de esta inversión.

En cuanto a las áreas específicas de aplicación, las compañías logran reducir sus gastos principalmente en las operaciones de servicio, la cadena de suministro y la manufactura. Por el contrario, los aumentos en la facturación derivados de la tecnología se registran en los departamentos de ventas y marketing, así como en el diseño de nuevos productos y la ingeniería de software.

Finalmente, la integración de estas herramientas corporativas genera contrastes respecto a su impacto en el mercado laboral y el bienestar de las plantillas. Mientras que la alta dirección muestra un menor grado de preocupación, casi la mitad de los mandos intermedios y empleados base reporta un aumento de la presión profesional derivada de la exigencia tecnológica. Respecto a la estabilidad del empleo, 4 de cada 10 empresas anticipan reducciones de plantilla en el área de operaciones a lo largo del próximo año, aunque los analistas sugieren mantener la prudencia ante estas previsiones. Los registros del año anterior demostraron que, si bien un tercio de las compañías planeaba ejecutar ajustes de personal por causas tecnológicas, en la práctica real solamente el 14% de las empresas llevó a cabo dichas medidas.