Las empresas descartan la independencia tecnológica absoluta para centrarse en la resiliencia operativa

Un reciente estudio de la consultora Capgemini revela que las grandes empresas y administraciones públicas han asumido la imposibilidad de alcanzar una plena autonomía digital, y ahora orientan sus estrategias hacia la protección de las operaciones críticas, la recuperación del control sobre la inteligencia artificial, y la diversificación de sus ecosistemas tecnológicos para asegurar la continuidad de sus operaciones.
9 de septiembre, 2026
Las empresas descartan la independencia tecnológica absoluta para centrarse en la resiliencia operativa

Durante la última década, el tejido corporativo mundial ha acelerado su transformación digital, adoptando herramientas como la computación en la nube y la inteligencia artificial a un ritmo que ha superado la evolución de los modelos de gobernanza y prevención de riesgos. Esta rápida migración ha generado una dependencia cada vez mayor de un grupo reducido de proveedores tecnológicos globales, lo que sitúa a las organizaciones en una posición de notable vulnerabilidad operativa.

El análisis de esta infraestructura llevado a cabo por Capgemini revela que la inmensa mayoría de las organizaciones presenta una exposición significativa a cadenas de suministro controladas desde el exterior, un factor de riesgo que se ha materializado con las recientes tensiones geopolíticas y las alteraciones en los canales de distribución mundiales.

Ante este escenario de incertidumbre comercial y política, la necesidad de mantener el funcionamiento de las áreas de negocio críticas ha escalado hasta los órganos de dirección. La soberanía digital es actualmente la máxima prioridad para los consejos de administración de casi la mitad de las organizaciones, lo que se está traduciendo en el despliegue a corto y medio plazo de estrategias concretas para abordar este desafío. Sin embargo, los responsables de tecnología e infraestructuras han adoptado una visión pragmática frente al problema, ya que gran parte del tejido empresarial asume que alcanzar una independencia tecnológica absoluta no es un objetivo realista.

Desde la dirección ejecutiva de Capgemini se explica que, dado el alto nivel de interconexión de las plataformas actuales, la meta no debe ser el aislamiento, sino comprender con exactitud las dependencias existentes para recuperar la flexibilidad de maniobra y diseñar una hoja de ruta que no sacrifique la competitividad del negocio.

El principal motor que impulsa este cambio estratégico es la necesidad de blindar las operaciones corporativas frente a perturbaciones externas. Dentro de los distintos elementos de la infraestructura corporativa, la inteligencia artificial se erige como el área prioritaria en las estrategias de soberanía para tres cuartas partes de las organizaciones, cobrando una especial relevancia en sectores que gestionan información y recursos críticos, como la industria aeroespacial, la defensa y el transporte.

Para lograr este control, las organizaciones contemplan modelos de interdependencia resiliente, combinando el desarrollo de capacidades internas con la colaboración externa en ecosistemas compartidos para evitar quedar cautivos de un único suministrador de servicios.

La manera de afrontar este proceso de reestructuración tecnológica varía notablemente en función del área geográfica. Así, mientras que las empresas europeas y asiáticas vinculan la soberanía digital a la mitigación de riesgos y la resiliencia, las compañías estadounidenses la enfocan principalmente desde la perspectiva del cumplimiento normativo y legal. Esta diferencia de enfoque también se refleja en la preparación práctica ante incidentes informáticos o de suministro, siendo las organizaciones estadounidenses las que disponen de un mayor volumen de planes de contingencia, situándose significativamente por encima del nivel de preparación detectado en Europa y en la región Asia-Pacífico.

En el plano técnico, la ejecución de estas estrategias de independencia controlada se enfrenta a barreras estructurales severas; apenas una mínima fracción de las organizaciones posee una visibilidad completa de sus dependencias tecnológicas, lo que complica enormemente la evaluación técnica de la exposición al riesgo asociado a cada proveedor. A esta falta de transparencia ecosistémica se suma la gran dificultad de sustituir a los distribuidores de tecnología más críticos, un proceso de migración que para más de un tercio de las empresas requeriría plazos superiores al año de trabajo, existiendo además un segmento de compañías que carecen por completo de alternativas viables en el mercado actual.

Mitigar estos problemas estructurales implica asumir costes extraordinarios que menos de la mitad de las organizaciones están dispuestas a pagar, lo que evidencia la tensión existente entre asegurar la viabilidad técnica y mantener los márgenes de rentabilidad.

Los datos que sustentan esta radiografía del mercado corporativo proceden del documento sobre soberanía digital y el imperativo ejecutivo elaborado por el Instituto de Investigación de Capgemini, consultora que recopiló la información en abril de 2026 mediante consultas a directivos de los ámbitos tecnológico y de negocio pertenecientes a empresas con ingresos anuales superiores a los mil millones de dólares, así como a organismos gubernamentales de un tamaño presupuestario equivalente, abarcando los mercados de Estados Unidos, Reino Unido, Europa continental y la región de Asia-Pacífico.