El uso de las tarjetas virtuales de telefonía (eSIM) en los viajes ha experimentado un crecimiento notable, alcanzando el 3,4% de toda la actividad de itinerancia mundial medida hasta el mes de junio del año 2026. Este incremento supera holgadamente el crecimiento general del roaming internacional, consolidando un cambio real en los hábitos de conectividad de los usuarios corporativos y particulares cuando se desplazan a otros países. A medida que los fabricantes de telefonía promueven terminales exclusivos para tarjetas eSIM y la contratación se integra en plataformas de gestión de viajes o aplicaciones financieras. El mercado ha despertado el interés de operadores de telecomunicaciones tradicionales que han comenzado a comercializar sus propias soluciones o a utilizar plataformas de terceros bajo su propia marca.
A pesar de esta popularización comercial, la infraestructura técnica subyacente permanece oculta para el responsable de compras. Más de medio centenar de marcas minoristas dependen de un grupo muy concentrado de redes mayoristas que gestionan los acuerdos a nivel global. Cuando un profesional adquiere un perfil de conexión, su dispositivo muestra la marca comercial, pero la identidad que utiliza para autenticarse en la red pertenece al proveedor de infraestructura.
Entre estos proveedores destacan redes como las de: Hutchison en Austria y Hong Kong, China Mobile Hong Kong, la neerlandesa KPN, Orange, Singtel, Telna, Webbing, Transatel o Proximus. Esta capa de suministro resulta muy dinámica, puesto que diversas marcas operan con múltiples proveedores simultáneamente y derivan a los usuarios de uno a otro en función del destino geográfico.
La arquitectura de enrutamiento resulta determinante para la experiencia de uso, ya que la conexión a la red pública rara vez se produce en el país de destino. Siguiendo el modelo estándar del sector, los datos se envían a través de un túnel cifrado hasta un puerto de enlace operado por la red de origen o su socio tecnológico. Siendo este el punto donde el tráfico sale finalmente a Internet. Este proceder genera distintos modelos de infraestructura que impactan de manera directa y severa en los tiempos de respuesta.
Algunos proveedores centralizan todo el tráfico en un único nodo, lo que puede multiplicar el tiempo de respuesta hasta por treinta en comparación con los usuarios locales. Existen marcas que desvían todas sus conexiones globales a un único punto de salida ubicado en ciudades como: Madrid, Londres o Singapur. Como resultado, un usuario que se encuentre trabajando en Asia pero utilizando un enrutamiento europeo experimentará latencias superiores a los 300 milisegundos, frente a los apenas 36 milisegundos que obtiene un usuario nativo conectado exactamente a la misma antena de telefonía.
Como alternativa a este modelo centralizado, otras compañías han desplegado núcleos distribuidos que reparten el tráfico por distintos puntos de salida regionales, logrando reducir la latencia global a cifras cercanas a los 100 milisegundos. A pesar de ello, la conexión directa a Internet dentro del mismo país que se visita sigue siendo una práctica puramente excepcional en la industria.
Al margen de la distancia física hasta el punto de salida de los datos, las diferencias de velocidad de descarga responden principalmente a políticas comerciales y limitaciones intencionadas más que a la capacidad técnica de las redes visitadas. El análisis del rendimiento muestra que varios proveedores aplican topes de velocidad a sus planes comercializados como ilimitados. Registrando medianas de descarga estancadas de forma artificial en torno a los 6 o los 10 megabits por segundo, e incluso en fracciones inferiores a un megabit para las opciones de acceso gratuito.
Por el contrario, las marcas que no aplican estas restricciones por contrato consiguen acercarse al rendimiento habitual de las redes locales, superando los 75 megabits por segundo. Así, el ancho de banda y la latencia se han desvinculado, obligando a las empresas a operar en un escenario donde las métricas de rendimiento varían radicalmente sin que dicha información esté reflejada en las tarifas.
Así mismo, el acceso a las redes de quinta generación móvil depende también de los acuerdos alcanzados, observándose que algunos proveedores logran conectar mediante esta tecnología en más de la mitad de las ocasiones, mientras que otros mantienen a sus clientes mayoritariamente en redes de cuarta generación.
El mercado mayorista experimenta cambios constantes, con operadores que modifican sus proveedores de red para mejorar la latencia y la calidad del servicio. A lo largo del último año se han registrado movimientos significativos en la cadena de suministro, con marcas que han duplicado el tráfico derivado hacia ciertos operadores europeos mientras reducían su dependencia de otros simultáneamente. Las empresas que han optado por dejar de alquilar la infraestructura para desplegar su propia red central distribuida han conseguido las mejoras más notables en los tiempos de respuesta.
Para los profesionales encargados de la provisión de servicios informáticos, la conclusión técnica a la hora de seleccionar un proveedor para las comunicaciones de su plantilla incide en que el rendimiento óptimo siempre recaerá en aquella solución cuyo punto de salida a Internet se encuentre geográficamente más próximo al lugar de trabajo del usuario.
