Los planes para dotar al viejo continente de una infraestructura de comunicaciones independiente tomaron forma en marzo de 2025 con la publicación del Libro Blanco de la Defensa Europea, al que siguió en octubre del mismo año la hoja de ruta de preparación para 2030. Estos documentos estratégicos plantearon la necesidad de crear un escudo espacial europeo que protegiera los activos del territorio y garantizara la autonomía en la transmisión de información operativa sensible.
Como medida transitoria, este pasado mes de enero entró en funcionamiento el sistema GOVSATCOM, una plataforma que agrupa la capacidad satelital de varios Estados miembros para ofrecer un servicio seguro de manera interina. Durante ese mismo mes se iniciaron las conversaciones para desarrollar una infraestructura propia y definitiva.
Tras varios meses de trabajo, el pasado viernes día 7 se firmó el acuerdo de ejecución entre la Comisión Europea y el consorcio SpaceRISE, un pacto que supone el paso de la fase de planificación al despliegue a gran escala del proyecto de conectividad satelital conocido como IRIS2.
El diseño de la red se ha ampliado hasta los 348 satélites, combinando dispositivos a distintas alturas. La constelación principal estará formada por 330 satélites en órbita terrestre baja, y dieciocho unidades en órbita terrestre media. Para dar respuesta a las necesidades de los entornos de seguridad actuales, se ha incorporado un grupo adicional de 66 satélites avanzados orientados a servicios de defensa y emergencias.
Esta modificación de la arquitectura de la red permitirá incrementar la capacidad de las comunicaciones gubernamentales en un 60% dentro de la Unión Europea, y en un 54% a nivel mundial. Las órbitas de los satélites, con orientación norte-sur, permitirán extender la cobertura a zonas con infraestructuras terrestres limitadas, como el Ártico y el continente africano, regiones en las cuales la conexión satelital facilitará tareas como la monitorización medioambiental, la coordinación en situaciones de crisis, la telemedicina y la educación a distancia.
El nuevo calendario de trabajo adelanta los primeros lanzamientos al año 2029, lo que permitirá iniciar la prestación de los servicios de conectividad a partir de 2030. Para respaldar esta aceleración en los plazos, el aumento de tamaño de los satélites y la contratación de más lanzadores, se ha inyectado una financiación adicional de 4.000 millones de euros, unos fondos procedentes de los presupuestos comunitarios para el periodo 2028-2034 y de las aportaciones de los estados miembro.
En este sentido, España prevé realizar una inversión de entre 1.600 y 2.000 millones de euros, que se suman a los 656 millones confirmados por Polonia y los 500 millones de Hungría.
La gestión operativa del sistema recaerá en el consorcio SpaceRISE, integrado por SES, Eutelsat e Hispasat. Por su parte, la fabricación de la infraestructura se ha encargado a un grupo de empresas europeas que incluye a Airbus Defence and Space, Thales Alenia Space, OHB y Aerospacelab. El proyecto también contempla la participación de compañías de menor tamaño para el desarrollo de capacidades de Internet de las cosas y conexiones directas a dispositivos.
A nivel institucional, el programa mantiene una gobernanza compartida. La Comisión Europea asume la dirección del proyecto, mientras que la Agencia Espacial Europea supervisa los requisitos técnicos y el diseño de la constelación. Finalmente, la Agencia de la Unión Europea para el Programa Espacial será la entidad responsable de la acreditación de seguridad y de gestionar la provisión de los servicios a los gobiernos e instituciones autorizadas.
