La transición energética global se estanca por culpa de las tensiones geopolíticas

El Foro Económico Mundial alerta de un estancamiento en la transición energética y de una brecha creciente entre las inversiones récord y la capacidad de las infraestructuras para garantizar un suministro seguro.
23 de junio, 2026
La transición energética global se estanca por culpa de las tensiones geopolíticas

El estudio, elaborado por el Foro Económico Mundial en colaboración con Accenture, indica que la preparación para la transición ha retrocedido por primera vez en más de diez años. Evidenciando una desconexión cada vez mayor entre el capital desplegado y la capacidad técnica para asimilarlo, demostrando que la inyección económica por sí sola resulta insuficiente para mantener el impulso.

El Índice de Transición Energética 2026 muestra un estancamiento global frente a sistemas más sostenibles, a pesar de haber registrado una inversión mundial histórica de 3,3 billones de dólares, de los cuales 2,3 billones se han destinado a energías limpias.

Recientes alteraciones en puntos estratégicos como el estrecho de Ormuz han intensificado las vulnerabilidades del sector; las tensiones geopolíticas y los problemas de suministro someten a los sistemas energéticos a una presión irregular, un escenario que afecta con especial dureza a las economías emergentes que dependen de las importaciones. Estos condicionantes estructurales tienen implicaciones directas en los costes, la resistencia de las empresas y la viabilidad a largo plazo de los proyectos.

Para hacer frente a esta situación, los responsables del Centro de Energía y Materiales del Foro Económico Mundial advierten que el proceso de cambio no se está revirtiendo, sino que se está fracturando debido a un entorno geoeconómico inestable. En este escenario, la transición requiere infraestructuras más rápidas y una distribución de capital que alcance a los mercados más necesitados, además de apostar por sistemas diversificados que prioricen la seguridad y la asequibilidad de la energía.

Desde Accenture se subraya que esta fase disruptiva obliga a las empresas a priorizar su capacidad de resistencia y que el uso de la tecnología y la IA resulta fundamental para que las organizaciones mejoren su adaptabilidad, fortalezcan la toma de decisiones y puedan sostener el crecimiento corporativo a largo plazo.

El índice evalúa el rendimiento de los sistemas energéticos nacionales en base a su seguridad, sostenibilidad, equidad y preparación del entorno, mostrando que las puntuaciones globales se han mantenido prácticamente inalteradas durante el último año. A pesar del endurecimiento de las condiciones de financiación y las limitaciones de infraestructura, el 60% de los países ha mejorado su puntuación general, si bien el progreso equilibrado en todas las dimensiones se concentra únicamente en uno de cada cuatro países.

A nivel geográfico, los países nórdicos encabezan la clasificación general, mientras que economías avanzadas ocupan catorce de los veinte primeros puestos, aunque con un avance medio interanual de apenas un 0,2%. Seis economías del G20 se sitúan en esta franja superior del índice, con Alemania, Francia y el Reino Unido en las posiciones novena, décima y undécima respectivamente, seguidos de China en la decimocuarta, Brasil en la decimoséptima y Estados Unidos en la decimonovena.

Mientras que China escala sus inversiones en energía limpia a niveles récord y la India registra fuertes avances en su preparación, los Estados Unidos mantienen un sólido desempeño en seguridad a pesar de un ligero retroceso general.

Por regiones, el África subsahariana muestra los mayores avances, frente a un debilitamiento en América Latina y en Oriente Medio y Norte de África por la caída en la inversión en infraestructuras, aunque Brasil mantiene la primera posición en su mercado y Arabia Saudí destaca por su despliegue en renovables.

Estas divergencias regionales están marcadas por presiones estructurales evidentes. La demanda global de electricidad ha experimentado un crecimiento del 3%, un incremento impulsado de forma directa por la electrificación, los sistemas de refrigeración, la infraestructura digital y la IA. Las economías emergentes representan cerca del 80% de este crecimiento de la demanda, pero continúan enfrentándose a elevados costes de financiación y carencias en sus instalaciones.

Paralelamente, el capital destinado a energías limpias sigue altamente concentrado, fluyendo en un 75% hacia un número reducido de países, lo que amplía la brecha entre los lugares donde se invierte el dinero, y aquellos donde realmente crece el consumo.

Para revertir la situación y asegurar un progreso constante, el informe determina que es necesario integrar la seguridad en el diseño del sistema, acelerar la red eléctrica, y restaurar la inversión hacia las economías emergentes. Lo que, a su vez, implica planificar la resistencia de las instalaciones desde el inicio y no como respuesta a las crisis, desbloquear la distribución de energía mediante la integración de sistemas, y establecer marcos normativos estables que atraigan el capital hacia los mercados que concentrarán la mayor parte del crecimiento de la demanda energética en el futuro.