La resiliencia operativa y la IA marcan la reestructuración de las estrategias de sostenibilidad empresarial

Las grandes empresas están priorizando la seguridad de los recursos para garantizar la continuidad del negocio frente al cambio climático.
23 de septiembre, 2026
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Las alteraciones climáticas y la inestabilidad geopolítica están obligando a las organizaciones a reorientar sus operativas. Según revela la quinta edición del estudio sobre sostenibilidad elaborado por el Capgemini Research Institute, las corporaciones están priorizando la adaptación climática y la resiliencia operativa frente a las crecientes presiones del entorno y las limitaciones de materias primas.

Esta necesidad de adaptación se fundamenta en que casi el 90% de las grandes empresas ha sufrido perturbaciones en sus cadenas de suministro debido a eventos climáticos recientes. Como consecuencia, la sostenibilidad ha dejado de ser una cuestión de mero cumplimiento normativo para entenderse como un pilar de la continuidad del negocio.

Cyril Garcia, responsable global de Servicios de Sostenibilidad y Responsabilidad Corporativa, y miembro del Comité Ejecutivo del Grupo Capgemini declaró: «Las perturbaciones derivadas del cambio climático se han convertido en nuestra nueva normalidad y, sin embargo, todavía existe una gran brecha entre la concienciación de los líderes empresariales sobre los riesgos y la implementación real. Para proteger sus cadenas de suministro, operaciones, infraestructuras y el acceso a energía, agua y materiales esenciales, ya no pueden posponer la acción climática. Es alentador ver que las organizaciones priorizan la adaptación y la resiliencia para un crecimiento sostenible. Pero a medida que evolucionan los riesgos climáticos y políticos, las organizaciones deben seguir integrando la sostenibilidad en el núcleo de su estrategia empresarial y en sus operaciones cotidianas», añade.

A pesar de las complejidades del mercado, la ejecución de proyectos orientados al medio ambiente resulta financieramente favorable. Casi 7 de cada 10 organizaciones reportan un retorno de inversión positivo en sus iniciativas sostenibles, una tendencia que ha impulsado las ventas para una amplia mayoría y ha mejorado el valor de marca. Esta rentabilidad confirmada está propiciando un aumento de los presupuestos. Llevando a las compañías a destinar más de un 1% de su facturación anual a estas áreas, lo que a su vez se traduce en una mejora tangible de la eficiencia ante situaciones de escasez de suministros.

Sin embargo, la puesta en práctica de los planes a largo plazo se enfrenta a obstáculos estructurales. El volumen de organizaciones que ha retrasado sus compromisos de cero emisiones netas se ha multiplicado por diez en el último año. La principal dificultad que encuentran los departamentos técnicos radica en la gestión de datos a lo largo de toda la cadena de valor, lo que ha provocado una caída drástica en la capacidad del tejido corporativo para monitorizar y auditar sus emisiones indirectas.

En la búsqueda de soluciones a este estancamiento, las herramientas tecnológicas de última generación asumen un papel protagonista pero contradictorio. Por un lado, dos tercios de las empresas utilizan la inteligencia artificial para acelerar sus agendas de sostenibilidad, con un interés creciente en el despliegue de sistemas de inteligencia artificial agéntica para automatizar procesos complejos.

Por otro lado, los consejos de administración han comenzado a debatir activamente sobre el alto coste energético que requiere esta digitalización, dado que casi la mitad de los directivos reconoce que la IA ha incrementado de forma notable las emisiones de gases de efecto invernadero de su infraestructura. Pese a esta constatación, el sector tecnológico se enfrenta a un problema de visibilidad, ya que apenas 1/3 de las corporaciones dispone de los mecanismos necesarios para medir de forma exacta el consumo eléctrico y la huella de carbono de sus propias cargas de trabajo algorítmicas.

Los datos que sustentan esta radiografía del sector provienen de un sondeo llevado a cabo durante los meses de verano de 2026, el cual recoge las perspectivas de más de 2.000 responsables en la toma de decisiones pertenecientes a corporaciones que superan los mil millones de dólares de facturación anual. La investigación abarca empresas de América del Norte, Europa y Asia-Pacífico distribuidas a través de una docena de sectores clave para la economía global.