Demonizado por unos y ensalzado por otros, el anonimato en Internet ha sido una de las piedras angulares del uso social de la red de redes, pero la inteligencia artificial podría estar a punto de poner en jaque a este elemento tan básico, ya de por sí perseguido y tocado a lo largo de los últimos años.
Históricamente, los ataques para revelar la identidad de las personas en Internet, requerían de información estructurada o un considerable esfuerzo manual por parte de los atacantes pero, recientemente, un equipo de investigadores del ETH Zúrich (Escuela Politécnica Federal) y de Antrophic, ha documentado cómo los grandes modelos de lenguaje cambian esta dinámica, ya que dichos sistemas permiten realizar ataques de desanonimización automatizados que operan directamente sobre texto no estructurado en distintas plataformas de la red.
El proceso desarrollado por los autores consta de varias fases en las que los algoritmos extraen características relevantes sobre la identidad a partir de publicaciones, buscan coincidencias mediante incrustaciones semánticas, y aplican un proceso de razonamiento sobre los candidatos principales para verificar las similitudes y reducir los falsos positivos.
Para medir la eficacia del método, los investigadores construyeron conjuntos de datos con información real conocida, vinculando cuentas de foros de noticias tecnológicas con perfiles profesionales, y emparejando usuarios a través de distintas comunidades de discusión sobre cine. También dividieron el historial temporal de usuarios individuales para crear perfiles que debían emparejarse.
Los resultados de estas pruebas indicaron que los métodos basados en modelos de lenguaje alcanzaron hasta un 68% de recuperación con una precisión del 90%, frente a un porcentaje cercano a cero obtenido por los métodos de análisis clásicos.
El estudio también evidenció que agentes autónomos provistos de acceso completo a Internet pueden reidentificar a participantes de entrevistas y usuarios de foros basándose únicamente en sus perfiles, seudónimos y conversaciones. Esta capacidad tecnológica iguala lo que a un investigador humano dedicado le tomaría horas de trabajo.
Este hallazgo deja al histórico anonimato que se podía conseguir en la red muy fuera de juego, puesto que las herramientas de inteligencia artificial explotan las mismas señales que reconocería un investigador cualificado, pero su peligro radica en la drástica reducción del coste de ejecución del análisis.
Ante esta situación, los autores del estudio concluyen que las expectativas de privacidad, las normas sociales y las políticas de las plataformas que rigen la participación en línea, requieren una profunda revisión. El uso de seudónimos ya no proporciona una protección significativa frente a actores que dispongan de modelos de acceso público y herramientas de programación estándar…


