El barómetro “Informar en tiempos de inteligencia artificial”, elaborado por Axicom a partir de una encuesta a 120 periodistas de medios nacionales, regionales y digitales realizada en verano de 2025, sitúa el debate en su justo término: la tecnología ya se usa en el trabajo diario, pero con contenciones explícitas. La muestra incluye profesionales en activo de secciones generales, economía, tecnología y cultura, con la presencia de formatos como podcasts y perfiles freelance (14,6%). Más del 60% acumula más de dos décadas de trayectoria, lo que aporta una perspectiva asentada sobre el impacto de estas herramientas en los procesos editoriales. El 74% de los periodistas ya usa herramientas de IA en su día a día, pero lo hace sin ceder la responsabilidad editorial.
En la práctica, la IA se aplica sobre todo a tareas operativas: la sugerencia de titulares alcanza al 56,3% de los encuestados; el apoyo creativo, al 49,3%; la transcripción de entrevistas, al 46,5%; y la documentación, al 42,3%. El uso en funciones críticas (como la redacción automática de noticias (4,2%) o la verificación de hechos (11,3%)) es marginal y responde a una elección consciente de los profesionales. La conclusión de fondo es que la tecnología se incorpora como asistente y no como sustituto del criterio periodístico.
El estudio también refleja líneas rojas compartidas. Más de la mitad de los profesionales (53,5%) considera que determinadas funciones deben restringirse o prohibirse, con especial recelo hacia la redacción autónoma de noticias. La supervisión humana se preserva como eje de la credibilidad, y se demanda un marco ético y formativo que asegure que la automatización no desplace el control editorial.
Gobernanza y formación, asignaturas pendientes
La adopción avanza, pero no al ritmo de la capacitación ni de las normas internas. Muchos periodistas utilizan IA generativa sin una formación completa ni protocolos homogéneos, lo que abre interrogantes sobre buenas prácticas y transparencia. La transparencia gana terreno: seis de cada diez profesionales sostienen que el lector debe ser informado cuando se ha utilizado IA en el proceso informativo. Esta expectativa convive con un escenario de aprendizaje en marcha.
En paralelo, la brecha de capacitación y de políticas corporativas condiciona el despliegue. Solo un tercio de los encuestados se siente preparado para usar estas herramientas de forma completa, aunque el 73% manifiesta su disposición a formarse más. Apenas el 31% trabaja en medios con políticas definidas sobre IA, lo que desplaza las decisiones al ámbito individual y refuerza la necesidad de protocolos claros. La ausencia de gobernanza institucionalizada dificulta la responsabilidad compartida y aumenta la heterogeneidad en los usos.
El barómetro identifica, además, los riesgos percibidos con mayor frecuencia: la pérdida de calidad informativa (55,7%), la propagación de errores o sesgos (48,2%), el miedo al reemplazo del trabajo humano (41,8%) y la dependencia de tecnologías opacas (38,7%). Para los encuestados, el problema no reside en la IA en sí misma, sino en su aplicación sin garantías éticas ni transparencia.
En cuanto al ecosistema de herramientas, predominan las de uso generalista y en fase exploratoria. ChatGPT aparece como la solución más utilizada (82,3%), seguida por Microsoft Copilot (31,3%) y Gemini/Bard (30,2%). La pauta es de prueba y aprendizaje, con una autonomía tecnológica aún incipiente y con una reflexión editorial activa para evitar dependencias sin criterio. El modelo que se perfila es híbrido: la IA aporta agilidad y nuevas opciones narrativas, mientras el juicio humano, la voz autoral y el compromiso con el lector siguen siendo insustituibles.
En síntesis, el estudio dibuja un periodismo que integra la IA sin abdicar del control: se emplea de forma amplia para tareas de apoyo, se acotan las funciones críticas, se reclama transparencia hacia la audiencia y se evidencian carencias de gobernanza y formación que condicionan el ritmo de adopción. La oportunidad, según el barómetro, pasa por consolidar un uso responsable que refuerce la ética, la claridad ante el lector y el criterio profesional.



