La brecha tecnológica amenaza la rentabilidad y la seguridad en las empresas

Un estudio reciente indica que la mayoría de las organizaciones no obtiene beneficios de sus inversiones en IA debido a plataformas deficientes, aumentando la brecha entre empresas con sistemas optimizados y aquellas con operaciones vulnerables y riesgos de seguridad crecientes.
17 de marzo, 2026
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Durante el año 2024, la adopción de nuevas tecnologías cognitivas mantuvo un ritmo constante. Aunque los resultados prácticos comenzaron a mostrar signos evidentes de desgaste frente a las expectativas generadas. De hecho, los índices de éxito en la implementación de herramientas generativas descendieron del noventa y cinco por ciento al ochenta y un por ciento en un solo año. En paralelo, la confianza de los directivos en que sus propios trabajadores utilizan estas innovaciones de forma segura y exclusivamente para fines empresariales cayó doce puntos porcentuales, situándose en un preocupante sesenta y cinco por ciento. Esta evolución cronológica demuestra que, lejos de resolverse con el tiempo; los desafíos asociados a la confianza en los resultados informáticos y la calidad de los repositorios originales se han consolidado como un problema persistente en el tejido empresarial.

En la actualidad, el noventa y cinco por ciento de las organizaciones no está obteniendo ningún retorno económico de las enormes inversiones realizadas en inteligencia artificial, las cuales alcanzan entre treinta mil y cuarenta mil millones de dólares a nivel global . El motivo principal de este hundimiento financiero no reside en la mala calidad de los algoritmos de lenguaje. Sino en la absoluta incapacidad de la arquitectura de red y almacenamiento subyacente para soportar estas exigentes cargas de trabajo. Las corporaciones se enfrentan a un volumen inmenso de información y a la difícil gestión de entornos híbridos que combinan nubes públicas y privadas. Lo que ha desembocado en un ecosistema tecnológico tremendamente frágil. Los analistas y responsables del diseño de estas soluciones advierten de que el verdadero cuello de botella ya no es el hardware, sino la falta de disciplina operativa para mantener los sistemas fiables y la ausencia de un gobierno de datos sólido.

Para comprender los motivos que separan el éxito del fracaso, las investigaciones actuales clasifican a las compañías en tres niveles diferenciados de madurez tecnológica. Las entidades emergentes, que representan el veinticuatro por ciento del mercado, se caracterizan por una profunda aversión al riesgo, escasez de talento cualificado y una dependencia de procesos manuales que les impiden crecer. En un punto intermedio, sumando el treinta y cinco por ciento, operan las organizaciones definidas, las cuales disponen de capacidades básicas pero avanzan lentamente lastradas por estrategias corporativas inconsistentes. Por el contrario, el cuarenta y un por ciento de las compañías se consideran optimizadas, ya que disponen de arquitecturas resilientes con información limpia que impulsan operaciones cuantificables y verdaderamente rentables . Resulta fundamental para los responsables de compras tecnológicas entender que alcanzar este nivel superior no está correlacionado con el tamaño de la empresa o la magnitud de su presupuesto, sino que responde exclusivamente a una decisión estratégica impulsada por la priorización de las altas esferas directivas.

Los crecientes riesgos operativos y de seguridad

La proliferación incontrolada de plataformas y el crecimiento exponencial del volumen de almacenamiento han provocado que la complejidad de los sistemas informáticos aumente a un ritmo que los responsables perciben como completamente inmanejable. Esta situación ha intensificado las preocupaciones relacionadas con la protección cibernética, superando con creces las inquietudes ya existentes en el ejercicio anterior. El temor a sufrir brechas de seguridad provocadas por el uso interno de herramientas algorítmicas ha experimentado un fuerte repunte, pasando del treinta y un por ciento al cuarenta y un por ciento en el último año . A este escenario de vulnerabilidad se suma el hecho de que el cincuenta y siete por ciento de los encuestados afirma que una pérdida de sus registros sería catastrófica para el negocio. Más de la mitad asume que la complejidad actual de sus instalaciones dificulta enormemente la detección de posibles intrusiones externas.

Las diferencias operativas entre los distintos niveles de madurez marcan irremediablemente la viabilidad a largo plazo de los proyectos. Las corporaciones más avanzadas han dejado de pensar en términos de sistemas aislados para centrarse en gobernar la información, centralizando el control de dónde se ubican los registros y automatizando el cumplimiento de las normativas de seguridad. Así mismo, estas compañías optimizadas delegan en la dirección de tecnología, y no en los responsables de las distintas líneas de negocio, las decisiones sobre qué modelos emplear y qué casos de uso priorizar para asegurar la rentabilidad. Dado que el noventa y cuatro por ciento de las empresas reconoce necesitar ayuda de terceros para construir estas fundaciones tecnológicas, la inversión agresiva en la formación del personal interno y la asociación estratégica con proveedores expertos se perfilan como los únicos pasos viables para garantizar la escalabilidad y abandonar la fragilidad operativa.