Interferencias de GPS en el Báltico ponen en alerta a la aviación y a las infraestructuras europeas

Letonia atribuye a Rusia perturbaciones desde tres bases, Ucrania alerta de interferencias a satélites en órbita baja, la ESA destina 1.000 millones y la industria propone comunicaciones láser como alternativa.
18 de septiembre, 2025
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El 12 de agosto, la Oficina de Comunicaciones Electrónicas de Letonia confirmó que se están perturbando los sistemas de navegación por satélite desde tres emplazamientos permanentes en Kaliningrado, Leningrado y Pskov, atribuyendo la actividad a Rusia y advirtiendo de riesgos para la aviación civil y las infraestructuras críticas en la región del mar Báltico. La agencia calificó el fenómeno de problema creciente y transfronterizo, lo que ha obligado a pilotos a recurrir a métodos de navegación de respaldo y, en ocasiones, a mantener vuelos en tierra. En Estonia, responsables gubernamentales han descrito estas interferencias como una forma de ataque híbrido que alcanza a la vida cotidiana.

Tradicionalmente, la interferencia y la suplantación del GPS (jamming como bloqueo de señal y spoofing como emisión de señales falsas) se consideraban amenazas localizadas, con impacto sobre aeronaves o fuerzas en tierra en zonas de conflicto. En julio de 2025, informes procedentes de Ucrania indicaron que ciertos sistemas rusos llegaron a degradar la navegación de satélites en órbita baja a más de 1.200 millas de altura, un caso ampliamente citado de interferencia directa desde tierra. Según estas informaciones, la pérdida de precisión afectó a plataformas en baja órbita, extendiendo el alcance del problema más allá de los escenarios convencionales.

Agencias de Naciones Unidas advierten de que el jamming terrestre ya amenaza operaciones militares, complica la navegación de aerolíneas y buques y expone a riesgos a la infraestructura civil (como redes eléctricas y sistemas bancarios) que depende de la sincronización del GPS. Esta situación pone de relieve la vulnerabilidad de los enlaces de radiofrecuencia (RF) frente a interferencias de alta potencia.

Respuestas europeas y propuestas tecnológicas

La Agencia Espacial Europea prepara una inversión de 1.000 millones de euros en una nueva red satelital de grado militar, mientras que el comisario europeo de Defensa y Espacio, Andrius Kubilius, impulsa una coordinación más estrecha en la UE para contrarrestar ataques híbridos que incluyen guerra electrónica hasta el espacio. El responsable comunitario enmarca estas acciones en un contexto de sabotajes, interrupciones de comunicaciones en el Báltico y otras injerencias, y defiende incrementar la inversión y reforzar la tecnología.

Desde la industria, la lituana Astrolight (especializada en soluciones de comunicación láser) sostiene que el foco debe dirigirse a tecnologías resistentes a la interferencia. Su consejero delegado, Laurynas Mačiulis, sitúa a los países bálticos en primera línea de la guerra electrónica y afirma que el fenómeno puede extenderse a otras regiones, por lo que aboga por abordarlo a escala de la OTAN. En su análisis, los satélites en órbita baja serían un objetivo prioritario en conflictos y zonas de tensión, dado su papel en la obtención de inteligencia en tiempo real y en la vigilancia de infraestructuras.

En paralelo, la Dirección de Inteligencia del Ministerio de Defensa de Ucrania ha señalado que, en los últimos dos años, imágenes de un satélite de radar ucraniano habrían contribuido a la destrucción de más de 1.500 objetivos rusos.

En cuanto a alternativas tecnológicas, Astrolight defiende que las comunicaciones láser (por su alta direccionalidad) presentan resistencia al jamming y al spoofing, y resultan difíciles de detectar o interceptar en comparación con la RF. La compañía afirma haber desarrollado un sistema de nueva generación para operar en entornos disputados y proporcionar enlaces de alta velocidad entre satélites y tierra, así como entre plataformas en espacio o en superficie. La empresa probó este verano comunicaciones seguras entre buques con su sistema POLARIS junto a la Armada lituana y prevé participar en septiembre en el ejercicio REPMUS con aliados de la OTAN.