Reino Unido y Estados Unidos han puesto en marcha un nuevo Tech Prosperity Deal con el que pretenden acelerar el desarrollo de tecnologías emergentes como la inteligencia artificial, la computación cuántica y la nuclear. El paquete suma inversiones privadas cercanas a los 31.000 millones de libras, sobre todo dirigidas a la construcción de infraestructuras de computación de alto rendimiento.
Entre los compromisos más relevantes está el de Microsoft, que promete destinar 22.000 millones de libras (25.000 millones de euros), incluyendo la construcción del mayor superordenador del país en colaboración con Nscale, equipado con más de 23.000 GPU avanzadas. Google prepara un nuevo centro de datos en Hertfordshire, en el marco de un plan de inversiones de 5.000 millones de libras en dos años, que también contempla la colaboración de DeepMind con ambos gobiernos en la aplicación de herramientas de IA a la investigación científica.
CoreWeave anunció 1.500 millones de libras adicionales para reforzar la capacidad de centros de datos de IA, elevando a 2.500 millones el total invertido en el Reino Unido a lo largo del último año. La empresa trabajará con la escocesa DataVita para construir uno de los mayores centros de datos de IA de Europa. Por su parte, Salesforce prevé 1.400 millones de libras, tras una inversión previa de 4.000 millones de dólares iniciada en 2023, y la británica AI Pathfinder superará la barrera de los mil millones de libras en nuevos proyectos.
NVIDIA se compromete a poner a disposición en territorio británico 120.000 GPU avanzadas, en paralelo con Nscale y OpenAI, que planean lanzar el proyecto “Stargate UK”. El fabricante de chips, que controla entre el 70% y el 95% de la cuota mundial en el mercado de procesadores de IA, refuerza así su posición como proveedor central de la nueva infraestructura.
El acuerdo también incluye, además, la colaboración de la asociación sectorial TechUK con NVIDIA y socios de robótica y formación para apoyar la creación de competencias y proyectos en inteligencia artificial. Otras empresas como Scale AI, BlackRock, Amazon, Oracle, Anthropic y Cohere, también confirmaron inversiones o apoyo a la estrategia británica.
La visita de Donald Trump a Londres, este pasado día 16 de septiembre, sirvió de escenario para el anuncio, acompañado por los líderes de Microsoft, NVIDIA y OpenAI. El peso de estas empresas en la definición de la estrategia digital británica plantea interrogantes sobre la influencia privada en las políticas públicas.
En el caso de OpenAI, dicha firma mantiene un acuerdo no vinculante con el Gobierno británico que le concede un papel significativo en la definición del rumbo de la IA en los servicios públicos. Entre los ejemplos ya visibles, encontramos el uso de versiones seguras de Copilot Chat por parte del Ministerio de Justicia británico, así como la adopción de ChatGPT Enterprise en el ámbito gubernamental.
Microsoft también desempeña un papel destacado, con su directora general en el Reino Unido presidiendo el Industrial Strategy Advisory Council, organismo que asesora al gobierno en política industrial. Paralelamente, sus servicios en la nube están siendo adoptados por varios departamentos públicos.
Este escenario ha atraído la atención de la Competition and Markets Authority (CMA), que ya señaló a Amazon Web Services y Microsoft como los dos mayores proveedores de servicios en la nube en el país. El regulador recomendó que Microsoft fuese designada al amparo de la nueva ley de competencia digital, lo que podría implicar medidas correctivas para reducir la concentración del mercado. La duda que queda es si la importancia estratégica de las inversiones en infraestructuras tecnológicas podría atenuar la acción reguladora.
Con este acuerdo, el Reino Unido refuerza su dependencia de la tecnología norteamericana, alejándose de una estrategia de autonomía digital. Mientras que la Unión Europea insiste en reforzar la soberanía tecnológica, el Gobierno británico apuesta por atraer inversiones externas, aunque ello implique mayor influencia de empresas extranjeras sobre servicios públicos y sectores estratégicos.
A pesar de las promesas de creación de empleo y de mejoras en la productividad, sigue siendo incierto cuál será el beneficio neto para la economía británica, teniendo en cuenta los elevados costes medioambientales de la construcción y operación de centros de datos, y el riesgo de que las principales ventajas se concentren en manos de las multinacionales que lideran el proceso.



