Un nuevo informe de Ookla revela que la adopción de 5G en Europa avanza a ritmos muy dispares entre regiones y países. En total, durante el segundo trimestre de 2025, los usuarios de la UE estuvieron conectados a redes 5G el 44,5% de su tiempo de uso, frente al 32,8% registrado un año antes, una diferencia que solamente puede entenderse con el crecimiento de la infraestructura de conectividad 5G.
Suecia (77,4%), Grecia (76%) y Finlandia (70,6%) lideran la disponibilidad de 5G, de la que España posee un 69,3% mientras que Bélgica se queda en un 11,9%, el Reino Unido en un 45,2% y Luxemburgo en un 33,6%, cerrando la lista.
La investigación, basada en datos del Speedtest Intelligence correspondientes al 2T 2025, muestra que la brecha obedece, sobre todo, a diferencias en política de espectro y compromisos regulatorios. Los países que asignaron con antelación las bandas «pioneras»»» —en especial los 700 MHz— consolidaron antes la cobertura en zonas interiores y rurales, según indican desde Ookla. Ejemplos como Suecia o Italia ilustran la ventaja que aporta esta banda de baja frecuencia en la fase de expansión.
El estudio también vincula los mejores resultados con la asignación temprana de espectro en bandas clave y con programas de incentivo público que han facilitado la inversión privada. Más allá de la política de espectro, los autores citan la utilización de subsidios directos y obligaciones de cobertura en las subastas como palancas para acelerar los despliegues, junto con acuerdos de compartición de red que reducen los costes, caso del JV TT Network en Dinamarca o Net4Mobility en Suecia.
España figura entre los países que han canalizado fondos NextGenerationEU para reforzar la cobertura 5G en entornos rurales, estrategia que Bruselas pretende extender con la próxima Digital Networks Act. Aunque el informe no detalla el porcentaje exacto de disponibilidad española, la inclusión del país en el bloque de Europa sur con un avance sustancial, confirma el retorno de aquellas ayudas y las obligaciones de cobertura asignadas en las subastas nacionales.
Para los responsables tecnológicos de las empresas, las conclusiones plantean un doble reto: por un lado, refrendan la necesidad de incluir la disponibilidad real de la 5G —esto es, el tiempo efectivo de conexión— como indicador crítico en la planificación de los servicios corporativos, como su uso para dotar a maquinaria industrial de conectividad a la red, o la capacidad para conectarse a la más alta velocidad de los teletrabajadores en movimiento.
Por lo que respecta al otro reto, este consiste en la evidencia que el marco regulatorio puede acelerar o retrasar la llegada de prestaciones avanzadas como el slicing o la baja latencia, factores que determinarán la competitividad digital de cada mercado en los próximos años.
