La independencia tecnológica de la Unión Europea ante la excesiva dependencia que sufre del exterior (de Estados Unidos en materia de cloud y de China en telecomunicaciones, por ejemplo) han hecho correr ríos de tinta en el viejo continente y motivado algunas iniciativas por parte de la UE que, en un estudio recientemente publicado, admite la dependencia de tecnologías y proveedores de fuera de la Unión.
Dicho estudio, titulado European Software and Cyber Dependencies, ha sido realizado por la Dirección General de Economía, Transformación e Industria del Secretariado General del Parlamento Europeo, a instancias de la Comisión de Industria, Investigación y Energía del mismo Parlamento.
Su principal conclusión, cómo venía diciendo, es la dependencia (que tipifica de sistémica) de la tecnología desarrollada e implantada desde fuera de la misma UE en la práctica totalidad de las capas que componen la estructura digital de la Unión.
El mismo informe pone de relieve que, a pesar de los esfuerzos normativos, el mercado europeo se comporta fundamentalmente como un importador de tecnología, donde aproximadamente cuatro quintas partes del gasto en software y servicios en la nube se destinan a proveedores no europeos.
Esta concentración de poder en manos de firmas estadounidenses, especialmente en áreas como los sistemas operativos, las plataformas de inteligencia artificial y la infraestructura de almacenamiento de datos, supera en muchos casos cuotas de mercado del 70%, como en el caso de la computación en la nube, donde empresas como Amazon Web Services, Microsoft Azure y Google Cloud se reparten dicho porcentaje del mercado la UE, mientras que la cuota de los proveedores locales ha descendido hasta situarse en un 13%.
Para hacernos una idea de la magnitud de la catástrofe, la germana SAP es el jugador europeo de mayor tamaño en la nube, aunque solamente es capaz de captar el 2% del total del mercado, pero no del mundial, sino solamente del europeo.
Esta situación se replica en los sistemas operativos de escritorio, donde Windows mantiene una cuota de mercado del 73% del total, con macOS llevándose consigo casi todo el resto y, en los dispositivos móviles, Android e iOS lleghan prácticamente al 100%.
La falta de alternativas europeas ha consolidado un modelo de dependencia que se ve reforzado por contratos a largo plazo y formatos propietarios que dificultan la migración hacia otras soluciones, y la asimetría en el mercado digital conlleva un drenaje constante de capital hacia economías externas.
Así las cosas, el estudio cifra el déficit comercial digital de la Unión Europea en más de cien mil millones de euros anuales, lo que supone que unos 264.000 millones de euros, equivalentes al 1,5% del Producto Interior Bruto comunitario, fluyen hacia proveedores extranjeros. Según concluye el documento, esta salida de riqueza va a financiar la investigación y el empleo en otros países en vez de fortalecer el tejido industrial europeo, estimando que si fuera posible retener apenas un 15% de este gasto en territorio europeo, se podrían generar alrededor de medio millón de puestos de trabajo para el año 2035.
Más allá del impacto financiero, también se destaca una vulnerabilidad estratégica relacionada con el control jurisdiccional de los datos: bajo las leyes estadounidenses como la CLOUD Act, las autoridades de dicho país pueden acceder a los datos almacenados por empresas americanas incluso si los servidores se encuentran físicamente en Europa, lo que, en la práctica, anula las garantías de localización de datos y expone las instituciones europeas a decisiones políticas externas.
Sobre este último particular, el informe menciona un caso reciente en el que Microsoft suspendió servicios a usuarios sancionados por otros gobiernos, lo cual ha interrumpido operaciones comerciales legítimas dentro del territorio comunitario.
La vulnerabilidad del sector energético como ejemplo crítico
Un caso especialmente ilustrativo de estos riesgos se observa en la digitalización de la infraestructura energética europea. Los sistemas de control industrial, la gestión de redes eléctricas y las plataformas de negociación de energía dependen cada vez más de software y plataformas en la nube de proveedores externos. Esta interconectividad, aunque necesaria para la eficiencia y la transición hacia energías renovables, introduce puntos de entrada para posibles interferencias maliciosas y compromete la autonomía operativa ante tensiones geopolíticas.
Según el estudio, la debilidad tecnológica europea en este ámbito tiene su origen en una inversión insuficiente de forma crónica en investigación y desarrollo de software de base. Mientras que otras potencias invierten casi diez veces más en este sector, Europa solo genera el 2,8% de las patentes mundiales en inteligencia artificial, una brecha de innovación que condena las empresas del continente a desarrollar aplicaciones secundarias sobre infraestructuras diseñadas y controladas por terceros, cediendo así la propiedad intelectual y el acceso a los datos de mayor valor.
Para revertir esta tendencia, el estudio plantea líneas de acción que buscan fortalecer la soberanía digital europea sin caer en el aislamiento. Entre las opciones de política pública destaca la necesidad de escalar infraestructuras controladas por la Unión Europea a través de iniciativas federadas y el fomento del software de código abierto como una infraestructura estratégica. También considera el uso de estándares abiertos e interoperables en la contratación pública como una palanca fundamental para reducir los costes de cambio de proveedor y evitar el bloqueo comercial.
Así mismo, propone simplificar el marco normativo digital para que no suponga una carga excesiva para las empresas locales, al mismo tiempo que se establecen criterios de soberanía más estrictos en las certificaciones de servicios en la nube, y termina afirmando que el fortalecimiento de las alianzas industriales y de la inversión en la formación de talento especializado son piezas clave para reconstruir un ecosistema tecnológico que permita a Europa decidir su futuro digital de manera independiente.



