La escalada de tensión en Oriente Medio ha puesto de manifiesto la vulnerabilidad de las infraestructuras que sustentan la inteligencia artificial. Recientes ofensivas iraníes contra instalaciones tecnológicas situadas en la región del Golfo Pérsico provocaron la pérdida total de la información de la empresa estadounidense Striker, así como diversos daños materiales en los centros de procesamiento de Amazon. Estas acciones, que también han afectado al funcionamiento de las plantas desalinizadoras encargadas de proveer la refrigeración a los servidores, han motivado una revisión global sobre los emplazamientos más adecuados para alojar estos sistemas críticos.
Como consecuencia directa de esta inestabilidad, los proveedores tecnológicos han empezado a trasladar el encarecimiento del cálculo computacional y la energía a sus clientes corporativos. El incremento en el precio de los servicios y las licencias supone un desafío financiero para la integración de estas herramientas en el tejido empresarial. Desde la dirección de ciberseguridad de la firma i3e, José María Fachado señala que: “las empresas están utilizando la inteligencia artificial para mejorar su productividad, pero si la productividad queda mermada por los costes que esta tecnología tendrá, el uso de la IA decaerá en muchas empresas”. En un sentido similar, el gerente de la misma compañía, Sergio García, precisa que el panorama energético actual determinará el ritmo de despliegue de estos sistemas, ya que su viabilidad depende en gran medida de los costes de mantenimiento asociados.
La reconfiguración territorial en España
Ante la necesidad de mitigar los riesgos geopolíticos y estabilizar los costes de suministro a largo plazo, España se perfila como un territorio idóneo para acoger nuevas infraestructuras tecnológicas gracias a su alta capacidad de generación renovable y a unos precios energéticos más competitivos que los de otros países de su entorno europeo. Dentro de este movimiento estratégico, la región de Madrid está captando la inversión de grandes corporaciones como Microsoft, Google, Meta y la propia Amazon. Consolidándose como un nodo principal para el alojamiento masivo de datos al ofrecer un marco de viabilidad operativa.
Por otro lado, un tejido con limitaciones de suelo industrial y una red eléctrica que dificulta albergar centros de volumen orientan a Cataluña hacia un modelo operativo distinto, alejado de la computación bruta intensiva. Apoyada en instalaciones como el Barcelona Supercomputing Center, su entorno universitario y una consolidada red de empresas emergentes, Cataluña asume un rol complementario centrado en la investigación avanzada y la aplicación práctica de la inteligencia artificial.
Sus profesionales trabajan en el desarrollo de arquitecturas diseñadas para reducir el consumo, como las redes neuronales de impulsos fundamentadas en el funcionamiento del cerebro humano. Esta especialización tecnológica permite a la región centrarse en aplicaciones para la sanidad, la automoción y el sector turístico, configurando un ecosistema donde ambos territorios afrontan el reto de afianzar su posición en el nuevo mapa tecnológico global antes de que otros mercados absorban dicha demanda.



