Durante la última década, la entrada de capital riesgo en el mercado nacional se ha multiplicado por cuatro, lo que ha situado al país como el cuarto de la Unión Europea en volumen de inversión. Este crecimiento sostenido ha propiciado que, en la actualidad, se estén destinando cifras históricas a las partidas de investigación y desarrollo. Estos indicadores preceden a la necesidad de afrontar los largos periodos de indagación científica y las elevadas inyecciones económicas que requieren las tecnologías complejas antes de su comercialización. Una etapa crítica conocida habitualmente como el valle de la muerte, en la que multitud de iniciativas no consiguen prosperar.
Para superar estas barreras y aprovechar el potencial científico acumulado, la responsable de la cartera de Ciencia, Innovación y Universidades, Diana Morant, ha comunicado una nueva directriz institucional. El Gobierno ha anunciado la movilización de ocho mil millones de euros hasta el año 2030 para respaldar la creación de la Estrategia Nacional Deep Tech. El proyecto cuenta con la dirección conjunta del ministerio mencionado y el de Transformación Digital y de la Función Pública. Sumando además la participación de otros 11 ministerios, con la meta de abarcar todas las fases de la innovación, desde los estudios teóricos hasta su aplicación en el mercado.
Este plan de alcance estatal estructurará sus acciones en la consolidación de las capacidades científicas, el robustecimiento del tejido empresarial y la articulación de un ecosistema coordinado. Este último punto requerirá el trabajo conjunto de administraciones públicas, centros de investigación y corporaciones. Todas estas acciones pondrán el foco en disciplinas estratégicas que abarcan desde la IA y la computación cuántica, hasta la biotecnología, la robótica avanzada, el desarrollo de nuevos materiales, la fabricación de semiconductores y la generación de energías limpias.
En cuanto al reparto del capital, más del 70% de los fondos contemplados se inyectará de forma directa en el sector productivo para apoyar el crecimiento de los proyectos y su fase industrial. Con ello se persigue también la expansión hacia mercados internacionales y que los hallazgos científicos se traduzcan en manufactura local y generación de empleo. Un caso representativo de este tipo de iniciativas tecnológicas complejas es el proyecto WISER, centrado en la aplicación terrestre de la fusión nuclear. Esta actuación concreta supone un desembolso de quinientos millones de euros y surge de la colaboración entre el Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas, el Centro para el Desarrollo Tecnológico y la Innovación, y la compañía Técnicas Reunidas.
Desde la Secretaría de Estado de Digitalización e Inteligencia Artificial, María González Veracruz ha argumentado que el impulso a estas áreas trasciende el ámbito puramente técnico para abarcar cambios a nivel económico y social. La postura gubernamental defiende que el avance en estas materias requiere respaldo público para asegurar un desarrollo fundamentado en la ética y la equidad, evitando que el control recaiga de manera exclusiva en las grandes corporaciones. El enfoque planteado pretende orientar la investigación hacia el bienestar colectivo, la salud y la sostenibilidad.



