El impacto ambiental de los centros de datos cuestiona la sostenibilidad de la IA

El aumento del consumo eléctrico de los servidores preocupa por su alto uso de agua y energía, agravado por el calentamiento global.
14 de agosto, 2026
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La percepción de la inteligencia artificial como una tecnología puramente virtual contrasta con la realidad física de las infraestructuras necesarias para su funcionamiento, en la que cada proceso operativo de esta tecnología requiere miles de servidores que demandan un flujo continuo de electricidad y sistemas complejos de refrigeración. A nivel global, la distribución de estas instalaciones de procesamiento de datos muestra una alta concentración geográfica, con los Estados Unidos albergando más de 5.400 datacenters, y la Unión Europea superando los 2.200, acorde con los registros de la cadena de noticias Euronews.

El impacto de estas infraestructuras sobre la red ha registrado cifras notables en la historia reciente; durante el año 2024, la Agencia Internacional de la Energía determinó que el consumo eléctrico de los centros de procesamiento de datos alcanzó los 415 teravatios hora. Lo que representó un 1,5% de la demanda energética mundial.

Y esto se enmarca en un contexto de tensiones climáticas crecientes, evidenciado por los registros de la Agencia Estatal de Meteorología que señalan a julio de 2026 como el mes con las temperaturas más altas documentadas en España, según citan desde la consultora i3, confirmando así un patrón continuo de eventos meteorológicos extremos.

Ante esta situación medioambiental y el despliegue acelerado de los nuevos servicios digitales, las previsiones a corto plazo indican un incremento sustancial en el uso de recursos. Según los cálculos de la misma Agencia Internacional de la Energía, impulsado por la expansión de los distintos modelos computacionales, el gasto eléctrico podría llegar a los 945 teravatios hora para el año 2030.

Además de la propia demanda eléctrica de las instalaciones, el volumen de agua requerido para mantener a una temperatura óptima los equipos informáticos supone un desafío considerable. Distintas investigaciones de alcance internacional señalan que esta necesidad hídrica convierte a la viabilidad medioambiental de los recintos en uno de los problemas centrales del sector tecnológico actual.

Esta preocupación ha llevado a voces reconocidas, como la famosa activista medioambiental estadounidense Erin Brockovich, a manifestar públicamente el riesgo que supone la construcción de estas infraestructuras para las reservas de agua y el suministro general de las poblaciones cercanas a las plantas de procesamiento.

El gerente de i3e, Sergio García Estradera, explica que: “La IA puede convertirse en una herramienta clave para mejorar la eficiencia energética, optimizar recursos y acelerar la lucha contra el cambio climático, pero también debemos prestar atención a la huella ambiental de las infraestructuras que hacen posible su funcionamiento. La conversación sobre la IA ya no puede centrarse exclusivamente en sus capacidades tecnológicas. También debemos preguntarnos cómo garantizar que esta revolución digital avance de forma compatible con los compromisos energéticos y climáticos que la sociedad se ha marcado”.

Según su análisis, el crecimiento a futuro de la economía digital dependerá de la capacidad de la industria para asegurar el suministro eléctrico, implementar métodos de refrigeración más eficientes y planificar adecuadamente el despliegue de los centros de datos, de manera que la evolución tecnológica logre avanzar en total sintonía con los objetivos de sostenibilidad marcados por la sociedad.