El COETTC hace pública su tesis sobre la causa del “Gran Apagón” de 2025: el control electrónico de los inversores fotovoltaicos

Tras más de un año después de la interrupción generalizada del suministro eléctrico en España, profesionales de la ingeniería de telecomunicaciones cuestionan la narrativa oficial centrada en fallos mecánicos y advierten sobre la fragilidad de las infraestructuras críticas ante posibles manipulaciones en las redes de datos que sincronizan la generación de energía solar.
18 de agosto, 2026

El 28 de abril de 2025 hacia el mediodía, los ciudadanos de los países de la Península Ibérica (España, Portugal y Andorra, pero excluyendo Gibraltar) se quedaban sin suministro eléctrico y, una vez llegada la noche, en la más absoluta oscuridad. Era el gran apagón de 2025, que puso a prueba la resiliencia no sólo de la infraestructura eléctrica, sino también de la tecnológica. Y del que, más de un año después, se desconocen las causas concretas debido a la opacidad gubernamental, con las correspondientes dudas sobre si dichas causas se han solucionado.

Inicialmente, las explicaciones oficiales atribuyeron el incidente a problemas de sincronismo y a la falta de inercia del sistema, dejando la posibilidad de un sabotaje como algo muy remoto, pero la búsqueda de respuestas no ha cesado en los últimos meses, con intervenciones de expertos y organizaciones. Uno más que se suma es el COETTC (Colegio Oficial de Graduados e Ingenieros Técnicos de Telecomunicaciones de Cataluña, por sus siglas en catalán), cuyo decano, Jordi Farré, ha publicado un post en LinkedIn en el que explica su teoría, que plantea desde una perspectiva distinta.

Farré analiza la red eléctrica como un complejo entramado de control electrónico y comunicaciones, y a través de este planteamiento deja al descubierto ciertas carencias de la versión institucional. Expertos del sector, incluyendo representantes del COETTC, señalan que la transición hacia las energías renovables introduce variables técnicas que no han sido suficientemente debatidas.

Históricamente, la generación eléctrica se ha basado en grandes maquinarias rotativas que, gracias a su enorme masa y a los componentes metálicos, aportan una inercia mecánica natural capaz de estabilizar la frecuencia de la red. Frente a este modelo tradicional, la energía solar fotovoltaica presenta un paradigma distinto, fundamentado en el movimiento de electrones sin masa a la velocidad de la luz. Los sistemas fotovoltaicos agrupan celdas que generan corriente continua y, mediante componentes electrónicos, adaptan automáticamente esta energía invirtiendo su polaridad para inyectarla en la red de corriente alterna. En este entorno digitalizado, mantener la frecuencia adecuada resulta un proceso muy rápido desde el punto de vista electrónico, pero requiere mecanismos de coordinación constantes.

Para asegurar que la energía solar se acople correctamente al sistema eléctrico general, los inversores utilizan redes de datos dedicadas que les proporcionan patrones de referencia para acompasarse con la red. El riesgo inherente a esta dependencia de las telecomunicaciones es que un agente externo podría emitir comandos a través de la red de datos para alterar el funcionamiento de los equipos de inyección.

Si un número suficiente de inversores recibiera simultáneamente la orden de desfasar su señal respecto a la red general, estos dispositivos dejarían de aportar energía y se transformarían en cargas de consumo masivas. Esta situación de contrafase provocaría una caída drástica de la tensión y un aumento insostenible de la intensidad de corriente, culminando en el colapso del sistema por falta de potencia.

A pesar del tiempo transcurrido desde el incidente, no se ha proporcionado información detallada sobre las órdenes de control que pudieron recibir los inversores solares durante aquellos instantes críticos. La ejecución simultánea de comandos de parada o desfase a escala nacional sugiere la existencia de una vulnerabilidad de seguridad significativa, alejándose de la teoría de un simple fallo mecánico o de diseño.

Según la nota del COETTC, los profesionales del ámbito tecnológico cuestionan si la omisión de estos factores en las explicaciones gubernamentales responde a un desconocimiento de la red, o bien a una decisión de ocultar la fragilidad de las infraestructuras críticas. Al considerar el aislamiento energético de la península ibérica respecto al resto del continente europeo, este apagón podría interpretarse no como un accidente fortuito, sino como una demostración deliberada de las debilidades del sistema de control eléctrico.