El CISO centraliza el control estratégico de la ciberseguridad industrial frente al avance de la digitalización

La convergencia entre los entornos corporativos y de producción impulsa a las empresas a unificar la protección de los sistemas operativos para gestionar mejor los riesgos de una conectividad creciente.
6 de julio, 2026
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Durante los últimos años, la modernización de los sistemas industriales ha experimentado un avance considerable. Si analizamos el ejercicio de 2025, una parte de las organizaciones ya operaba con infraestructuras actualizadas, pero en la actualidad, el 40% de las empresas emplean sistemas de control con menos de cinco años de antigüedad. Lo que supone el doble de la cifra registrada el año pasado. Esta rápida digitalización y la integración entre las áreas de Tecnología de la Información y Tecnología Operativa han ampliado de manera notable la superficie expuesta a posibles amenazas, exigiendo a las corporaciones reforzar sus medidas de protección desde el diseño inicial de sus infraestructuras.

Históricamente, la vinculación entre estos dos mundos generaba graves brechas. El año pasado, el 60% de las compañías sufrieron intrusiones simultáneas en sus redes corporativas y de producción. Sin embargo, los datos actuales muestran una mejora muy significativa en la segmentación de infraestructuras, reduciendo los ataques simultáneos a tan solo el 24%. A pesar de este avance cualitativo, el volumen de incidentes detectados ha aumentado. En 2025, el 47% de las corporaciones reportó entre una y nueve intrusiones. Mientras que este año la cifra ha ascendido al 71%. Esta variación se explica principalmente por un notable incremento en las capacidades técnicas de visibilidad y monitorización, más que por una escalada real de los ataques.

De hecho, la visibilidad completa de los entornos de producción ha crecido positivamente, pasando de un exiguo 5% a un 14% en estos momentos. A pesar de ello, casi una cuarta parte de los directivos reconoce que todavía carece de control sobre aproximadamente la mitad de sus activos industriales, dejando patentes las lagunas que aún persisten. En cuanto a la naturaleza de los ataques, el fraude por suplantación de identidad o phishing se mantiene como el vector más frecuente Afectando al 76% de las infraestructuras, seguido muy de cerca por el secuestro de datos o ransomware, que continúa comprometiendo a la mitad de las corporaciones y representa un riesgo crítico para la continuidad de las operaciones.

Frente a este escenario de hiperconectividad, el tejido empresarial muestra un estado de mayor consciencia respecto a sus propias vulnerabilidades. Frente al 49% de empresas que se autoevaluaban con el máximo nivel de madurez el año pasado, actualmente solo el 17% sostiene esa percepción. Lejos de suponer un retroceso técnico, esta corrección demuestra una auditoría mucho más rigurosa y realista de las deficiencias internas en áreas fundamentales como el acceso remoto seguro o la capacidad de respuesta frente a incidentes.

Para liderar esta nueva etapa de madurez, el 60% de las organizaciones ha decidido centralizar la responsabilidad definitiva de la protección operativa en la figura del responsable de seguridad de la información (CISO), elevando la defensa de estos entornos a una prioridad estratégica para la alta dirección. Esta tendencia es imparable, ya que el 81% de las entidades que aún conservan modelos descentralizados prevé completar esta transición organizativa durante el próximo año, preparándose para un horizonte en el que la gran mayoría de los expertos anticipa un marco regulatorio mucho más estricto.

Para acelerar la evolución del sector, el análisis propone una estrategia integral basada en la adopción de una plataforma conjunta que unifique por completo la visibilidad y el control preventivo. Lograr este objetivo requiere segmentar de forma minuciosa las redes corporativas e industriales, garantizar accesos remotos fiables para proveedores externos, incorporar la tecnología operativa dentro de los planes generales de respuesta a incidentes y utilizar inteligencia de amenazas diseñada específicamente para la idiosincrasia del sector industrial. De esta forma, la seguridad deja de abordarse mediante soluciones aisladas para convertirse en un ecosistema robusto que combina personas, procesos y tecnología bajo una misma gobernanza corporativa.