El sector de los centros de datos en España se prepara para canalizar una inversión de 67.000 millones de euros hasta el año 2030, acorde con las estimaciones de la Asociación Española de Data Centers. Sin embargo, existe una gran brecha entre los proyectos anunciados en la península ibérica, que superan los 10 gigavatios de potencia, y las infraestructuras que actualmente están finalizadas o en proceso de edificación, las cuales apenas alcanzan los 1,2 gigavatios. Esta situación implica que la inmensa mayoría del despliegue planeado debe afrontar aún la etapa de edificación, un momento crítico en el que estas instalaciones resultan especialmente vulnerables a los latrocinios.
La propia naturaleza de estos recintos exige vastas extensiones de terreno con conexión garantizada a las redes eléctricas de alta tensión, un requisito que desplaza su ubicación habitual hacia polígonos industriales, áreas periféricas o zonas rurales apartadas. Desde BauWatch, firma especializada en videovigilancia mediante inteligencia artificial, advierten que este aislamiento geográfico, sumado a la presencia de componentes de gran valor, convierte a estos emplazamientos en un blanco atractivo para el robo y el vandalismo. Este riesgo inherente se incrementa debido a que, durante los trabajos iniciales, el recinto todavía no cuenta con los sistemas de protección definitivos que operarán cuando el centro esté terminado.
El reciente informe sobre criminalidad en el año 2026 elaborado por esta misma empresa refleja que la actividad delictiva en las obras españolas tiene un componente eminentemente casual. Cerca de un 44% de los profesionales del sector identifica el delito oportunista externo como la modalidad más frecuente en el país, superando en más de nueve puntos la media del continente europeo. Las cifras demuestran que, en el mercado nacional, la simple existencia de un fallo temporal en la vigilancia es suficiente para desencadenar un incidente, a diferencia de otros territorios donde predomina la acción planificada del crimen organizado.
El director general de la firma de seguridad en España, Ignacio González, sostiene que esta realidad estadística obliga a replantear la estrategia de protección de los recintos tecnológicos mientras se construyen. Según explica el directivo, el peligro radica en que cualquier espacio que permanezca sin supervisión terminará sufriendo intentos de intrusión, lo que demuestra la ineficacia de depender exclusivamente de vallas perimetrales o de rondas de patrullaje esporádicas durante la madrugada.
La experiencia acumulada en la custodia de infraestructuras remotas revela una serie de deficiencias operativas que comprometen la viabilidad de los proyectos desde sus cimientos. Uno de los errores principales consiste en concebir la protección como un añadido que se instala en la fase final de la obra, dejando expuestos los trabajos iniciales, justo cuando la parcela se encuentra más desamparada.
Así mismo, es frecuente que los esfuerzos se concentren durante el horario laboral, ignorando que los mayores riesgos ocurren por las noches o los fines de semana, periodos en los que la ausencia de personal facilita la actuación delictiva. A esto se le suma la falta de adaptación de los dispositivos a la evolución de los trabajos. Dado que un centro de datos modifica su fisonomía constantemente y traslada áreas críticas como las subestaciones eléctricas o el cableado de alta tensión, mantener un esquema estático pierde toda su eficacia con el paso de las semanas.
Para resolver estas deficiencias estructurales, los expertos de BauWatch concluyen que la protección física durante el levantamiento del edificio debe planificarse con un nivel de sofisticación equiparable al de la ciberseguridad que se encargará de salvaguardar los equipos informáticos una vez que las instalaciones comiencen a operar.
