Durante los últimos años, las empresas han destinado parte de sus presupuestos a la adquisición de soluciones tecnológicas de protección, como cortafuegos de nueva generación, sistemas de inteligencia de amenazas o plataformas de detección en los puestos de trabajo y en la nube. A pesar de este despliegue técnico, la incidencia de los delitos informáticos sigue una tendencia al alza. Los datos del «Informe sobre la Cibercriminalidad en España 2025«, elaborado por el Ministerio del Interior, indican que en el ejercicio anterior se contabilizaron cerca de medio millón de infracciones penales en el ámbito digital. Lo que supone un incremento superior al 5% interanual y roza el 20% del total de los delitos en el país, afectando a más de 383.000 personas.
A esta situación se suma el impacto de la IA, tecnología que ha facilitado la automatización de tácticas perjudiciales complejas y ha acelerado la rapidez de las intrusiones. El último estudio de la compañía IBM sobre el coste de las brechas de datos advierte que la rápida integración de estas funcionalidades aumenta la exposición de las infraestructuras corporativas. Adicionalmente, la diversidad de sistemas implementados genera miles de avisos diarios procedentes de redes, aplicaciones y servicios. Esta fragmentación técnica provoca que el desafío principal para los departamentos de tecnología ya no consiste en detectar una anomalía, sino en disponer de la capacidad de analizar rápidamente las alertas para distinguir los incidentes críticos de las falsas alarmas.
Ante la reducción del tiempo que los atacantes necesitan para comprometer las redes, la agilidad en la contestación frente a incidentes define el nivel de madurez operativa de las corporaciones. Es por ello que los Centros de Operaciones de Seguridad se han consolidado como un recurso estratégico para unificar y correlacionar la información de diferentes fabricantes, dejando de ser un servicio exclusivo de las corporaciones de gran tamaño para implementarse en el tejido empresarial general. En respuesta a esta demanda del mercado, la firma tecnológica h&k ha fortalecido sus servicios gestionados mediante la integración de un centro de este tipo.
La propuesta de h&k aglutina los datos de múltiples sistemas de defensa en una plataforma centralizada que proporciona una perspectiva integral del riesgo. Mediante la aplicación de procesos automatizados y la intervención de analistas especializados, el nuevo servicio de h&k valida los eventos y ejecuta acciones de contención inmediatas reduciendo los tiempos de reacción. Los portavoces técnicos y comerciales de la compañía apuntan que el valor de la protección digital actual radica en contar con un equipo humano capaz de interpretar la gravedad de las amenazas, aplicar protocolos de actuación coordinados y guiar a las organizaciones durante la resolución del problema. Superando así el modelo tradicional basado únicamente en la generación de notificaciones.
