El Banco Central Europeo ha dado a conocer tres acuerdos con otras tantas organizaciones continentales para utilizar sus especificaciones técnicas abiertas en la futura infraestructura de pagos para el euro digital. Esta medida busca reducir la dependencia de sistemas internacionales, abaratar costes y preparar el terreno tecnológico antes del lanzamiento oficial de la divisa electrónica.
Históricamente, la base técnica de las operaciones financieras ha dependido de lenguajes comunes que permiten la comunicación fluida entre los proveedores de servicios y las distintas infraestructuras. Estas normas reducen la complejidad operativa y aminoran los costes de integración para todos los actores implicados en el ecosistema comercial.
Hasta ahora, el mercado europeo carecía de un formato abierto de alcance universal para los terminales de pago, dependiendo de sistemas cerrados pertenecientes a firmas internacionales de tarjetas y grandes proveedores de carteras virtuales.
Para dar respuesta a esta fragmentación tecnológica, a lo largo de los últimos años han ido surgiendo diversas iniciativas; por un lado, una cooperativa formada en el año 2020 por compañías de España, Francia, Alemania, Bélgica, Bulgaria y Portugal, desarrolló una especificación independiente para pagos contactless utilizando tecnología de comunicación de campo cercano (NFC) entre dispositivos móviles y terminales.
Por otra parte, se buscó establecer normas de interoperabilidad que conectan los sistemas de los comerciantes con la infraestructura de los proveedores de servicios financieros, abarcando también las transacciones en cajeros automáticos y, paralelamente, una iniciativa de armonización paneuropea definió marcos de trabajo que posibilitan transacciones mediante alias, como números de teléfono, además de facilitar las consultas de saldo y las transferencias móviles entre usuarios de distintos países, logrando una amplia adopción en el sector bancario.
Los acuerdos anunciados ahora por el BCE tienen el objetivo de unificar esta base tecnológica a través de la colaboración interinstitucional, con la que la autoridad reguladora pretende reutilizar los desarrollos técnicos abiertos ya existentes para el procesamiento de transacciones telemáticas con el futuro euro digital, y la selección de estos marcos concretos se llevó a cabo en coordinación con el grupo de trabajo dedicado a redactar las normas de funcionamiento del proyecto monetario del euro digital.
Los representantes del Banco Central Europeo han indicado que la adopción de estas especificaciones abiertas proporcionará una alternativa frente a los sistemas propietarios actuales, facilitando la competencia y ofreciendo a las empresas la certidumbre necesaria para afrontar futuras inversiones tecnológicas. La aplicación estandarizada de estas normativas tiene como finalidad la creación de una experiencia de uso homogénea para los ciudadanos de todos los países que conforman la zona del euro.
Desde las distintas entidades estandarizadoras implicadas, también se ha valorado el movimiento institucional de manera muy positiva, señalando unánimemente que los pactos reforzarán su presencia en el sector y consolidarán la interoperabilidad imprescindible para construir un mercado europeo transparente.
Esta unificación tecnológica también permitirá a los esquemas de pago nacionales operar en comercios extranjeros sin requerir la actualización de los equipos en los puntos de venta, materializando las ventajas de integración incluso antes de la emisión oficial de la moneda digital.
En una fase posterior, una vez que el poder legislativo apruebe el reglamento que otorgue estatus de curso legal a esta nueva forma de dinero, los proveedores de soluciones financieras ganarán la capacidad de escalar sus servicios a nivel transfronterizo con total seguridad jurídica y, finalmente, las autoridades bancarias contemplan la posibilidad de incorporar protocolos técnicos adicionales a medio plazo, siempre sujetos a la previa evaluación y aprobación de las autoridades.



