El establecimiento de una relación fiable entre las plataformas tecnológicas y los consumidores tiene su punto de partida en los procesos de registro y acceso. Un análisis reciente basado en la edición de 2026 del informe «Digital Trust Index«, (elaborado por Thales Cybersecurity Products y distribuido por Exclusive Networks a partir de las consultas realizadas a más de quince mil individuos, responsables tecnológicos y socios comerciales), detalla la situación actual de esta interacción.
Los portavoces de la firma de ciberseguridad en la península ibérica advierten que estas primeras tomas de contacto determinan la percepción de seguridad del usuario y que la complejidad o lentitud de las mismas puede repercutir negativamente en la facturación de las empresas. De hecho, más de la mitad de los usuarios han experimentado dificultades técnicas al acceder a aplicaciones o páginas web durante el último año, enfrentándose a interrupciones, lentitud o procesos excesivamente largos. Como consecuencia directa de estas fricciones, cerca del setenta por ciento de los afectados decidió abandonar el servicio o migrar hacia plataformas de la competencia.
A pesar de la frustración que generan los procesos deficientes, los ciudadanos no están dispuestos a sacrificar su protección en favor de la inmediatez. Los consumidores prefieren someterse a comprobaciones de seguridad exhaustivas aunque esto alargue el tiempo de registro. Una opción respaldada por un 45% de los encuestados, frente a una minoría del 22% que prioriza la rapidez con controles laxos. La implementación de barreras protectoras conocidas fomenta esta tranquilidad, siendo la autenticación de múltiples factores y el uso de claves de acceso herramientas que incrementan la sensación de protección para la inmensa mayoría de los individuos. Sin embargo, en el ámbito corporativo, aunque gran parte de los directivos de tecnología reconocen la importancia de estas medidas, menos de la mitad las han integrado en sus sistemas. Suponiendo una vulnerabilidad y un margen de mejora en la respuesta a las demandas del mercado.
Esta desconexión en la gestión de identidades también afecta a las relaciones entre las corporaciones y sus socios comerciales, dificultando el desarrollo de proyectos conjuntos. La asignación de permisos sufre retrasos habituales, ya que apenas una quinta parte de los colaboradores externos recibe sus credenciales de forma inmediata y menos de un tercio dispone de todos los permisos necesarios desde el primer momento. Ante estos obstáculos operativos, la demora en la entrega de accesos corporativos empuja a gran parte de los socios a compartir sus propias credenciales o solicitar las de terceros. Una práctica de riesgo que multiplica las posibilidades de sufrir una filtración en los sistemas de la organización.
La percepción de seguridad varía drásticamente dependiendo de la industria con la que interactúe el usuario, observándose una distancia cada vez mayor entre los distintos mercados. Los sectores dedicados a la gestión de datos personales sensibles y servicios esenciales acaparan la mayor confianza ciudadana, con la banca a la cabeza registrando un 57% de aceptación, seguida por los servicios de las administraciones públicas y el ámbito de la salud. En un estrato intermedio se sitúan las compañías aseguradoras y las instituciones educativas. Por el contrario, los segmentos más orientados al consumo directo y al ocio registran niveles de fiabilidad significativamente inferiores. Quedando el comercio minorista, las redes sociales y la industria del entretenimiento en las últimas posiciones, sin lograr superar la barrera del diez por ciento en la mayoría de estos casos.
Junto a la gestión de accesos, el despliegue de nuevas herramientas tecnológicas marca la agenda de los departamentos de sistemas corporativos. El 93% de los responsables de tecnología afirman estar utilizando, implementando o planificando iniciativas basadas en IA. Frente a este impulso empresarial, existe un rechazo generalizado de los consumidores hacia el tratamiento automatizado de su información, evidenciando que apenas un 23% de la población confía en un uso responsable de la inteligencia artificial por parte de las organizaciones. El recelo se extiende a los agentes virtuales que actúan en nombre de las compañías en los entornos digitales, generando preocupación en más de tres cuartas partes de los encuestados.
Para abordar estos retos, los responsables del estudio subrayan que la tranquilidad del usuario debe cimentarse de manera progresiva en cada transacción. Recomiendan la adopción de arquitecturas de gestión de identidades que soporten métodos de autenticación avanzados de forma nativa, combinadas con sistemas de cifrado y protección de la información en la nube. Esta estructura técnica busca garantizar accesos fluidos para los usuarios legítimos mientras se facilita la soberanía de los datos y se asegura el cumplimiento de las normativas vigentes.



