El 45% de las empresas líderes en IA financiera no cuentan con unas mínimas normas para su uso

Aunque muchas organizaciones ya usan inteligencia artificial en sus áreas financieras, la mayoría aún no cuenta con normas internas para su control. Esto, junto con la mala calidad de los datos, dificulta una implementación segura y efectiva en procesos clave del negocio.
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La inteligencia artificial actúa como un motor de transformación en las áreas corporativas relacionadas con la economía de la empresa, aunque su expansión a menudo carece de unos cimientos sólidos que garanticen un uso coherente y seguro. Un reciente estudio sobre la preparación técnica de los departamentos financieros, elaborado por la firma de gestión de gastos corporativos Payhawk en colaboración con IResearch a partir de consultas a más de un millar y medio de directivos, pone de manifiesto que casi la mitad de las corporaciones con mayor grado de madurez en inteligencia artificial financiera carece de normativas internas que regulen su aplicación en los flujos de trabajo fundamentales. El informe cataloga dentro de este segmento de alta madurez a aquellas entidades que autoevalúan su preparación con una puntuación superior al 7 sobre 10.

En este contexto, el análisis señala que la evolución organizativa no se produce de manera lineal. Desde la representación en España de la compañía impulsora del informe Laura Gámiz, directora en España de Payhawk explica: “Existe la percepción de que la madurez en IA avanza de forma lineal, pero la realidad es más compleja. Incluso entre las organizaciones más avanzadas, la preparación es desigual y está condicionada por distintas barreras. En este contexto, el principal límite no es la capacidad de la tecnología, sino hasta qué punto las organizaciones pueden gobernarla. Es decir, si son capaces de justificarla, rastrearla y auditar su uso dentro de los procesos financieros.

Para asegurar que el paso de una fase experimental a un modelo plenamente operativo sea exitoso, las organizaciones deben unificar métricas, normas, equipos, presupuestos e información de calidad. El texto detalla que las entidades necesitan establecer indicadores claros de ejecución, fijar reglas mínimas de uso, dotar a sus profesionales de las soluciones adecuadas respaldadas por una partida económica específica y garantizar que las bases documentales sustenten los análisis automatizados. No obstante, apenas una cuarta parte de las compañías con una adopción alta cumple simultáneamente con estas cinco condiciones básicas.

Esta disparidad de preparación permite observar diversas posturas operativas en el tejido empresarial. Aparte de la minoría que dispone de un modelo consolidado, el mercado se divide entre organizaciones que mejoran gradualmente de forma equilibrada pero parcial, corporaciones que impulsan la ejecución operativa olvidando redactar unas pautas mínimas, y entidades donde la experimentación tecnológica supera cualquier intento de control corporativo. Así mismo, existen empresas que priorizan los marcos de supervisión pero sufren limitaciones por la baja fiabilidad de sus registros, y otras que poseen recursos económicos y técnicos pero carecen de parámetros para medir los resultados de sus acciones.

La investigación revela un desequilibrio notable al constatar que, si bien una amplia mayoría de las empresas avanzadas dispone de profesionales cualificados y soluciones consolidadas, apenas la mitad ha establecido reglas para su administración. Esta realidad se traduce en dos obstáculos estructurales fundamentales que consisten en el crecimiento descontrolado sin marcos de supervisión y el uso de fuentes de información inconsistentes.

El primer problema surge cuando la implantación avanza más rápido que la creación de directrices organizativas, lo que genera sistemas opacos que no pueden ser integrados de forma segura en procesos que exigen rigor legal o aprobaciones formales. Esta situación afecta a casi un tercio de las empresas con alta adopción y es habitual en entornos de trabajo ágiles y de menor tamaño.

Por otro lado, el segundo obstáculo aparece en corporaciones con estructuras complejas donde, a pesar de existir mecanismos de control y capacidad de ejecución, los registros documentales subyacentes están fragmentados o incompletos. Esta deficiencia impide que los resultados obtenidos a gran escala sean fiables, explicando por qué ciertas entidades con gran disciplina interna fracasan al escalar la tecnología.

El gran desafío para los responsables de sistemas y directores financieros es diagnosticar con precisión el estado de su organización para evitar inversiones infructuosas. Las conclusiones del estudio advierten que muchas empresas siguen invirtiendo en tecnología cuando el verdadero freno es la ausencia de reglas claras o de datos fiables. Lo cual bloquea el progreso al intentar solucionar una limitación técnica cuando el problema es puramente organizativo. La consolidación de estos ecosistemas requiere un gran esfuerzo de coordinación para alinear los procedimientos, la información y las responsabilidades, único camino para que las empresas logren superar los usos experimentales aislados.