Desde hace ya bastante tiempo, las noticias de tecnología se pueden dividir, básicamente, en dos categorías: las que tratan sobre algún aspecto de la ciberseguridad, y las que se refieren a la inteligencia artificial, sin duda el tema de moda y el más transversal, ya que esta tecnología es aplicable a una gran diversidad de trabajos y de funcionalidades. Y, dentro de esta última categoría, están teniendo una especial relevancia las dedicadas a la IA generativa, con los nombres que todos tenemos en mente como Gemini, Claude y, especialmente, ChatGPT.
En muchos artículos y estudios se ha dicho por activa y por pasiva que la introducción de la IA generativa en la estructura de cualquier organización (también en la de la empresa) acarrea un ahorro de tiempo y una maximización de la inversión, ya que permite a los trabajadores hacer más trabajo en menos tiempo. Y, sin embargo, no todo el mundo en la comunidad científica y tecnológica que monitoriza la implementación y avance de esta tecnología en las organizaciones, está de acuerdo con esta visión de la situación, y apunta a menos ventajas prácticas de lo que la mayoría afirma, al menos, por el momento y con las actuales circunstancias.
Es el caso del estudio que Anders Humlum y Emilie Vestergaard han publicado a través del National Bureau of Economic Research, que se basa en dos encuestas realizadas en Dinamarca, y cuya principal conclusión es que estas herramientas permiten liberar una media de 25 minutos por día de uso, lo que equivale al 2,8% de la jornada laboral del usuario típico, un porcentaje manifiestamente pequeño en comparación con lo que se ha dicho en algunos canales sobre el potencial de esta tecnología.
Las cifras de uso corporativo de los chatbots de inteligencia artificial en Dinamarca ya son notables: entre finales de 2023 y 2024, casi la mitad de los empleados de once perfiles profesionales que van desde contables hasta desarrolladores de software, ya había probado estas herramientas, y el porcentaje ascendía al 83% cuando la dirección alentaba explícitamente su uso.
Esta política empresarial, que en el 38% de los casos incluye modelos propios, y en el 30% programas formativos, ha ampliado la adopción y reducido las brechas demográficas: la diferencia de uso entre hombres y mujeres pasó de 11,9 a 5 puntos porcentuales cuando existía respaldo directivo.
El incentivo del apoyo de la dirección no solamente dispara el número de usuarios, sino que magnifica los beneficios declarados: los trabajadores que operan en entornos donde se fomenta el empleo de chatbots desde arriba informan de ahorros de tiempo de entre un 10% y un 40% mayores, además de mejoras en la calidad, la creatividad y la aparición de nuevas tareas. Con todo, el impacto medio sigue siendo contenido.
Sin reflejo en la nómina
El presente estudio también refleja que el ahorro de tiempo y el incremento de la productividad no se reflejan significativamente en lo que ingresan los trabajadores, así como tampoco en el tiempo del día que destinan a la jornada laboral. Es decir, tampoco salen antes de trabajar o empiezan más tarde, además de no cobrar mucho más.
Los efectos medidos en la nómina de los trabajadores son apenas superiores al 1%, y la ausencia de variación se mantiene independientemente de la profesión ejercida —periodistas, profesores, asesores financieros…— ni de cuando se comparan distintas empresas dentro del mismo sector.
La explicación combina dos factores; en primer lugar, la magnitud limitada del ahorro de tiempo observado y, segundo, un traspaso salarial muy débil: sólo entre el 3% y el 7% de la mejora de productividad se convierte en mayores ingresos, y el porcentaje es algo mayor en las compañías que impulsan el uso de estas herramientas.
El estudio plantea así un reto para los discursos que anticipan transformaciones laborales inminentes ligadas a la IA generativa: dos años después del lanzamiento de ChatGPT —y tras la adopción corporativa más rápida recordada— la huella económica sigue sin notarse en las estadísticas de empleo y remuneración.
Los autores subrayan, no obstante, el papel de la inversión complementaria de las empresas: los chatbots crean nuevas tareas y suponen aprendizajes que podrían cristalizar más adelante en resultados medibles de mayor alcance. Por ahora, la evidencia invita a la prudencia: integrar la tecnología cuesta tiempo, y organizar el trabajo en torno a ella es, por el momento, el factor decisivo.



