La colaboración público-privada reactiva la implantación del 5G Standalone en España frente al rezago generalizado en Europa

Mientras Europa intenta cerrar la brecha tecnológica con América del Norte y Asia, España emerge como una excepción gracias a unas políticas de inversión que han permitido acelerar la adopción de la arquitectura 5G SA, aunque todavía quedan retos pendientes en latencia y optimización de servicios.
19 de febrero, 2026

Progresivamente, el mundo de las telecomunicaciones va migrando desde las redes 5G no autónoma (non-standalone o NSA), que dependen del núcleo de 4G, hacia las arquitecturas 5G Standalone (SA o autónoma). Según los datos analizados al cierre de 2025 por Ookla en su informe mundial sobre la 5G (A Global Reality Check on 5G SA and 5G Advanced), se ha abierto una profunda brecha de capacidad entre los grandes bloques económicos que refleja la distinta preparación de los ecosistemas nacionales para desplegar y monetizar los núcleos de red de última generación.

Así, mientras que América del Norte y los mercados asiáticos pioneros han logrado migrar una parte significativa de su base de usuarios a arquitecturas autónomas, gran parte de Europa se mantiene rezagada debido a una comercialización lenta y a la fragmentación en los dispositivos y tarifas.

En este contexto europeo de adopción moderada, el mercado español destaca como un caso de éxito relativo según Ookla, puesto que su análisis indica que la cuota de muestras de la 5G SA en Europa se duplicó pasando del 1,1% al 2,8% entre el cuarto trimestre de 2024 y el mismo periodo de 2025, un crecimiento impulsado principalmente por despliegues acelerados en España, Austria y el Reino Unido.

De hecho, España ha logrado situarse por encima de la media regional, alcanzando una cuota de uso del 8,3% al finalizar 2025, lo que supone un incremento interanual de 1,7 puntos porcentuales. Este dinamismo contrasta con la media europea, del 2,8%, y aunque se ve superado por el de Austria (con un 8,7%), queda por delante del Reino Unido (7%), Francia (5,9%) o Alemania (2,5%, incluso por debajo de la media europea).

El rendimiento de estas nuevas redes en territorio español muestra cifras competitivas, aunque, en opinión de Ookla, revela la necesidad de continuar con la optimización de la infraestructura. La velocidad mediana de descarga en las redes 5G SA de España se sitúa en los 332,47 Mbps, una cifra que, si bien es sólida, queda lejos de los líderes globales como los Emiratos Árabes Unidos, que alcanzan los 1,24 Gbps gracias a una agresiva agregación de portadoras. En cuanto a la subida de datos las redes autónomas españolas ofrecen una mediana de 23,39 Mbps, superando ligeramente a mercados como Francia o Alemania.

No obstante, la mera implementación de un núcleo de red autónomo no garantiza automáticamente una mejor experiencia de usuario si no se acompaña de una ingeniería de transporte y enrutamiento adecuada. Los datos de calidad de experiencia (QoE por sus siglas en inglés) revelan que los resultados de latencia en la nube y en videojuegos pueden ser inferiores en las redes SA respecto a las NSA si la topología de la red y los acuerdos de peering no están optimizados, algo que se observa en los datos relativos a España. Así, mientras que países como Francia han logrado latencias a la nube de 41 ms gracias a una densa interconexión, España muestra valores más altos en esta métrica específica, lo que subraya que la transición al «verdadero 5G» requiere ajustes que van más allá de la radio y el núcleo.

Uno de los hallazgos más interesantes para el usuario final y los gestores de flotas de dispositivos corporativos es el impacto de esta tecnología en la eficiencia energética. Contrariamente a los temores iniciales sobre un mayor consumo, los primeros estudios sugieren que los dispositivos conectados a redes 5G SA pueden experimentar una duración de batería significativamente mayor, con mejoras de entre un 11% y un 22% en comparación con las redes no autónomas. Esto se debe a que, en la arquitectura autónoma, el dispositivo se conecta a una única interfaz de radio con un plano de control unificado, eliminando la necesidad de gestionar simultáneamente conexiones 4G y 5G, lo que reduce la carga de procesamiento del módem.

En el ámbito de la voz, sin embargo, la tecnología aún debe madurar, puesto que las pruebas realizadas en diversos mercados internacionales indican que la voz sobre radio 5G (VoNR) todavía no supera consistentemente a la voz sobre LTE (VoLTE) en tiempos de establecimiento de llamada, debido a la década de optimización que acumulan las redes 4G. Aunque existen excepciones en mercados muy avanzados como Singapur, para muchos operadores europeos la optimización de VoLTE sigue ofreciendo mejores retornos a corto plazo mientras se refina la infraestructura de voz de nueva generación.

El factor diferencial que ha permitido a España posicionarse mejor que otros socios comunitarios reside en el marco regulatorio y de política industrial, y el análisis de Ookla confirma que los países que han implementado incentivos a la inversión y marcos políticos coordinados, como es el caso de España, muestran una adopción y un rendimiento del 5G SA sustancialmente superiores a aquellos con enfoques fragmentados. La estrategia nacional, que ha priorizado la transición arquitectónica en la planificación, demuestra que los resultados favorables son posibles cuando los gobiernos se movilizan para estimular el progreso tecnológico más allá de la simple recaudación por espectro.

De cara al futuro inmediato, la monetización de estas redes en el entorno corporativo empieza a transitar del concepto a la ejecución selectiva. Se espera que la próxima fase del ciclo 5G esté marcada por la profundidad de la capacidad del software del núcleo y la automatización, más que por la simple expansión de las antenas de radio.

Las capacidades avanzadas como el network slicing (segmentación de red) están ganando tracción en el sector empresarial, permitiendo ofrecer niveles de servicio garantizados para aplicaciones críticas, aunque su implementación dinámica y masiva todavía requiere de una mayor madurez en los sistemas de orquestación.