A través de su presidencia de la COP30, la cimera sobre el cambio climático que se celebra en la ciudad brasileña de Belém (estado de Pará), Brasil ha impulsado la elaboración de una propuesta de Infraestructura Digital Pública Global para el Clima (Climate DPI), concebida para dar soporte tecnológico a la acción climática a escala mundial.
El documento, preparado por el Instituto de Tecnología y Sociedad de Río de Janeiro (ITS Rio) y por el investigador Ronaldo Lemos a petición del presidente de la COP30, el embajador André Corrêa do Lago, se ha desarrollado en el seno del High-Level Technology Advisory Council to the COP30 Presidency, coordinado por el propio Lemos.
La propuesta parte del diagnóstico de que la transición climática carece hoy de una base digital compartida y plantea una infraestructura común que conecte datos, flujos financieros y capacidades de inteligencia digital en un mismo sistema. Según reza el documento, este entorno funcionaría de forma similar a una capa básica de software sobre la que se apoyarían las distintas políticas climáticas nacionales y sectoriales, con el objetivo de reducir la fragmentación actual y acelerar la ejecución de las iniciativas existentes.
El texto plantea que esta infraestructura se configure como un conjunto abierto de herramientas digitales que puedan ser implementadas por administraciones públicas, organismos internacionales, empresas y comunidades locales. Sobre esta base, Brasil aspira a que la infraestructura Climate DPI permita el seguimiento, la financiación y la coordinación de políticas climáticas en tiempo real, de forma estandarizada y verificable.
Al mismo tiempo, subraya que la infraestructura digital pública adquiere para la transición verde un papel equiparable al que tuvieron las redes de transporte y energía en el desarrollo económico del siglo XX.
Una arquitectura por capas
En el apartado técnico, la propuesta se articula en torno a una arquitectura modular denominada ClimateStack, organizada en varias capas interconectadas. Cada una de estas capas responde a funciones diferenciadas, que van desde la identificación de actores, hasta el acceso final de la ciudadanía, con el propósito de facilitar la interoperabilidad y la escalabilidad del sistema.
La primera capa se centra en la identificación digital y contempla la creación de registros únicos para personas, organizaciones y activos vinculados a proyectos climáticos. Esta base de identidad permitiría seguir el ciclo completo de una intervención, desde la asignación de recursos hasta la medición de reducciones de emisiones o de otros resultados ambientales asociados.
La segunda capa se orienta a pagos y transacciones, apoyándose en sistemas interoperables y en el uso de contratos inteligentes para gestionar transferencias de recursos, mecanismos de compensación y emisión de créditos de carbono. El objetivo es que las operaciones financieras relacionadas con el clima queden automatizadas en la medida de lo posible y cuenten con trazabilidad integrada desde el origen hasta el destino de los fondos.
En una tercera capa, centrada en los datos abiertos, el ClimateStack prevé la integración de información procedente de sistemas de observación de la Tierra, sensores ambientales y contribuciones locales en grandes repositorios de datos climáticos. Estos repositorios, o data lakes, se estructurarían conforme a estándares abiertos y bajo un marco de gobernanza con criterios éticos, de forma que los distintos agentes pudieran reutilizar la información sin replicar infraestructuras ni formatos.
Sobre esta base de identidad, transacciones y datos se ubicaría una capa de aplicaciones, destinada a impulsar servicios públicos digitales vinculados al clima. El informe cita como ejemplos los sistemas de alertas tempranas frente a desastres, el seguimiento de la deforestación, el funcionamiento de mercados de carbono o las herramientas de previsión de riesgos climáticos, todos ellos construidos sobre la misma infraestructura de referencia.
Finalmente, la arquitectura incorpora una capa de acceso universal que pretende garantizar que las capacidades del Climate DPI lleguen a la población en su conjunto, incluidas las comunidades más vulnerables. Para ello, se contempla el uso de múltiples interfaces, que abarcan desde servicios web hasta canales como SMS, radios comunitarias y contenidos en lenguas locales, con el fin de adaptar la distribución de la información al contexto de cada territorio.
En conjunto, la arquitectura ClimateStack configura un modelo de plataforma en capas que va desde la identidad digital y las transacciones hasta las aplicaciones especializadas y el acceso multicanal, con la interoperabilidad y los estándares abiertos como elemento común.
En cuanto a las tecnologías sobre las que se apoyaría esta infraestructura, el documento subraya que muchos de los componentes ya existen de forma dispersa en distintas regiones del mundo. Entre ellos se mencionan los sistemas de observación de la Tierra GEOSS, Copernicus e INPE/PRODES, empleados para el seguimiento detallado de bosques, emisiones y cambios ambientales, cuya integración en una plataforma común permitiría homogeneizar y ampliar el uso de estos datos.
El texto también incorpora los sistemas de alerta y respuesta rápida, que combinan redes de sensores, algoritmos de inteligencia artificial y aportaciones de ciencia ciudadana para anticipar fenómenos extremos y reducir su impacto. Según la propuesta, estos mecanismos se beneficiarían de una infraestructura digital pública al disponer de un entorno compartido para el intercambio de información y la coordinación entre autoridades, servicios de emergencia y comunidades locales.
IA para optimizar procesos
El papel de la inteligencia artificial ocupa un apartado específico del informe: se mencionan aplicaciones como la agricultura de precisión o la gestión inteligente de las redes eléctricas, en las que la IA puede apoyar tanto medidas de mitigación como de adaptación al cambio climático. Al mismo tiempo, el documento defiende el desarrollo de infraestructuras verdes para la IA, que incluyan centros de datos con criterios de sostenibilidad, software eficiente y suministro energético procedente íntegramente de fuentes renovables.
Con la combinación de estas tecnologías, la propuesta del Climate DPI apunta a resultados concretos como el seguimiento en tiempo real de emisiones y de deforestación, una mayor transparencia en los mercados de carbono, una reducción estimada de hasta un 40% en los tiempos de respuesta ante desastres y la cobertura global de sistemas de alerta climática para 2035.
En el plano institucional, el informe plantea que la COP30 sea el marco en el que se lance oficialmente el Climate DPI como proyecto de legado de Brasil, estableciendo así los cimientos de una infraestructura digital pública mundial dedicada a la acción climática. La iniciativa se presenta como un soporte tecnológico que facilitaría que los compromisos del Acuerdo de París puedan traducirse en resultados medibles y verificables mediante una base digital compartida.



