Cuando la tecnología avanza más rápido que el autoconocimiento, el liderazgo pierde solidez. Es la paradoja de la era digital: cuanto más conectados estamos, menos nos comprendemos.
La verdadera tarea de un equipo directivo no es dar órdenes, es garantizar que el conocimiento fluya y que cada miembro del equipo pueda aportar de forma libre y sienta que lo hace.