El campo profesional del posicionamiento y el de la publicidad en línea, ambos íntimamente relacionados, viven momentos muy especiales con la eclosión de la inteligencia artificial materializada en la llegada a las manos de los consumidores de los chatbots de IA generativa, abanderados por ChatGPT, pero contando también con otros nombres propios importantes como son Claude o Gemini.
Sobretodo, lo que más debate ha generado entre la comunidad, es la llegada de las búsquedas mediante IA, ya que por un lado hay quienes ya se quejan de un descenso en el número de clics que experimentan sus páginas web debido a que el chatbot da toda la información directamente, evitando al usuario tener que navegar por distintas páginas, pero, por otro, tenemos a los profesionales que afirman que, por ahora, tampoco se ha notado tanto, y que las técnicas que sirven para procurarse un buen SEO, también servirán para el posicionamiento en la era de las búsquedas inteligentes.
En medio de este debate, y si ayer explicábamos que el nuevo browser Atlas de OpenAI es vulnerable a la inyección de prompts, hoy tenemos otra noticia al respecto, que no afecta al campo de la ciberseguridad, pero sí al terreno de quienes pagan por publicidad en la red: según la empresa de software Search Atlas (coincidencia en el nombre del navegador), el browser de OpenAI puede interactuar con sitios web de una manera que parece indistinguible de los usuarios humanos reales, incluso haciendo clic en anuncios de pago.
Además, la actividad del clic del agente de IA es indistinguible de la actividad humana, por lo que un clic en un anuncio cuenta como si lo hubiera visto una persona, lo cual evidentemente no es así… pero el anunciante lo pagará exactamente igual.
De la misma manera, y según el análisis de Search Atlas, los clics realizados por la IA agéntica del navegador pueden considerarse una manipulación de las estadísticas de visitas, dificultando conocer el tráfico real y el comportamiento de los usuarios humanos que son, al fin y al cabo, a quienes se dirige la publicidad.
El problema, según el artículo de Search Atlas, podría deberse a que al estar basado en el mismo motor del Google Chrome (llamado Blink) y no un motor específico, los sistemas de control de clics sobre los banners no tienen ninguna manera de discernir si el origen del clic es humano o bien es automatizado. Y el agente de IA tampoco se da a conocer como si fuera un bot, un tipo de tráfico que los sistemas de publicidad sí puede distinguir.
En tal caso, la solución pasaría o bien por un sistema de identificación para agentes de IA, o bien una tecnología que permita discriminarlos de alguna manera de los usuarios humanos.
También es cierto que, ahora mismo, el tráfico generado por Atlas o por otros navegadores inteligentes, como el Comet de Perplexity, es muy escaso, por lo que el problema descrito no lo es con inmediatez, sino que la comunidad SEO/SEM puede ir tratándolo para que, conjuntamente con fabricantes de browsers y otros agentes implicados, puedan hallar una solución que satisfaga a todas las partes.


