La elección de ordenadores portátiles para equipar a una plantilla de trabajadores digitales en movilidad exige encontrar un equilibrio entre el rendimiento, la seguridad, las necesidades futuras de los programas informáticos y las limitaciones presupuestarias. Y, según afirma Damon Garn (propietario de Cogspinner Coaction y autor de numerosos artículos) en TechTarget, en la mayor parte de las organizaciones, el factor más determinante a la hora de adquirir estos equipos es el soporte lógico, es decir, el software, las aplicaciones corporativas son las que dictan los requisitos de rendimiento, seguridad y plataforma que debe cumplir el equipo físico.
Por lo tanto, el software puede convertirse tanto en un cuello de botella para la productividad como en un riesgo de seguridad, dado que muchas aplicaciones exigen un alto rendimiento de los componentes del hardware, tales como la CPU, la memoria RAM, la GPU (en el caso de modelos de lenguaje de IA ejecutados en local, además de otras aplicaciones), el almacenamiento y la capacidad de red.
Esto sirve de punto de partida a Garn para delinear una guía para facilitar la elección del ordenador portátil perfecto para trabajar, en movilidad, para una organización como, por ejemplo, una empresa.
Las cargas de trabajo de las modernas aplicaciones informáticas ahora se dividen entre los dispositivos locales y los servicios en la nube con, por ejemplo, las herramientas basadas en inteligencia artificial dependiendo cada vez más tanto del procesamiento local como de los recursos remotos.
Existen aplicaciones corporativas, como las herramientas de ingeniería y analítica, que requieren capacidades de procesamiento gráfico o central muy elevadas, además de una amplia capacidad de memoria RAM. De la misma manera, los entornos de virtualización, que consisten en la creación de sistemas informáticos simulados dentro de un equipo físico, consumen muchos recursos, mientras que las tareas locales de inteligencia artificial precisan de unidades de procesamiento neuronal o capacidades gráficas específicas.
Por otro lado, las herramientas de seguridad, que operan en segundo plano, consumen recursos sin que el usuario lo perciba de manera evidente. Entre estas utilidades se encuentran los sistemas de detección y respuesta en los puntos finales de la red, los agentes de seguridad basados en la desconfianza por defecto, o el cifrado de discos, a los que se suma el uso intensivo de plataformas en la nube y herramientas de colaboración.
Los programas que se ofrecen como servicio y las plataformas de comunicación agotan rápidamente la memoria y los componentes de red. Del mismo modo, las aplicaciones que se ejecutan directamente en el navegador web consumen una gran cantidad de memoria, y mantener múltiples pestañas abiertas puede afectar negativamente al rendimiento general, degradando incluso la calidad del sonido y la imagen.
Para terminar con el punto de qué lleva al límite el rendimiento de los ordenadores corporativos, el software desarrollado a medida por la propia empresa presenta el reto de que, en muchas ocasiones, no está optimizado para un hardware específico, con lo cual se hace difícil establecer unas recomendaciones mínimas en lo que respecta a las configuraciones de los equipos.
Estrategias de adquisición y ciclo de vida de los equipos
Las decisiones de compra deben guiarse por factores operativos, técnicos y de infraestructura. En este sentido, las empresas deben considerar su estrategia tecnológica global, ya que la estandarización en sistemas concretos simplifica el soporte técnico, las actualizaciones y la resolución de problemas.
Dicha decisión suele estar vinculada a la disponibilidad de controladores para componentes especializados y a la compatibilidad con las herramientas de gestión unificada de las flotas de dispositivos.
Algunas aplicaciones críticas solo están certificadas para procesadores o plataformas concretas, por lo que el hardware debe cumplir estas especificaciones concretas obligatoriamente. Respecto a los sistemas operativos, el ecosistema de Windows es el más extendido, aunque distribuciones de Linux mantienen su relevancia para ingenieros, y el sistema de Apple sigue siendo la plataforma escogida por usuarios que requieren de un alto rendimiento.
Por lo general, las políticas de renovación de equipos informáticos establecen un ciclo de vida de entre tres y cinco años para los ordenadores portátiles, un periodo que suele coincidir con la cobertura de las garantías y el soporte del software. La sustitución de los equipos en torno al cuarto año permite equilibrar los costes con la fiabilidad, aprovechando las innovaciones en materia de seguridad y rendimiento de red que impulsan dicha renovación.
Los ordenadores destinados al entorno corporativo se diferencian de los modelos de consumo en cuatro aspectos fundamentales: seguridad, fiabilidad, capacidad de gestión y estabilidad a largo plazo. Las características propias de un equipo profesional incluyen elementos de seguridad física, diseños de chasis resistentes, soporte para almacenamiento cifrado y redes de asistencia global. También ofrecen una disponibilidad del producto durante varios años y capacidades de gestión remota.
Aunque estandarizar unos pocos modelos reduce la carga de trabajo de los administradores informáticos, también limita la flexibilidad a la hora de proporcionar hardware especializado a profesionales con requisitos únicos, como los desarrolladores o los diseñadores gráficos.
Para optimizar la inversión, Garn explica en su artículo que las organizaciones deben emparejar las capacidades de los ordenadores portátiles con los requisitos específicos de cada puesto de trabajo.
Existen equipos ultraportátiles, caracterizados por su bajo peso y gran autonomía, destinados a directivos o equipos de ventas que viajan con frecuencia. Por otro lado, los equipos de alto rendimiento, equipados con procesadores potentes y gran capacidad de memoria, se dirigen a científicos de datos, ingenieros y especialistas en inteligencia artificial.
Para el personal administrativo o de finanzas, los equipos estándar ofrecen un equilibrio adecuado entre coste y rendimiento y, finalmente, existen ordenadores centrados en el cumplimiento normativo, con un cifrado mejorado y ciclos de soporte más largos, destinados a empleados gubernamentales, personal sanitario o profesionales del sector legal.
Cabe destacar que no todos los empleados necesitan un equipo portátil: para aquellos usuarios que trabajan exclusivamente en la oficina y no requieren movilidad, los ordenadores de sobremesa representan una opción más económica para niveles de rendimiento similares, debiendo ajustarse también a las cargas de trabajo de software previstas.
Como conclusión, el autor del artículo publicado en TechTarget, explica que antes de iniciar un proceso de compra de nuevos equipos informáticos portátiles, es fundamental realizar un inventario y análisis exhaustivo del software utilizado, ya que este será el que determine la carga de trabajo y, en consecuencia, el hardware necesario para garantizar la productividad del usuario final.



